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Iluminar las calles gracias a la genética

Iluminar las calles gracias a la genética


Hay una bruma de luz que impide ver las estrellas. Nos pasa a todos los que vivimos en las ciudades. Y nos cuesta mucho dinero y mucha energía malgastada. Se trabaja para diseñar lámparas más eficientes pero hay quien ha propuesto ir más allá. ¿Y si conseguimos luz prescindiendo totalmente de la iluminación artificial?

La idea de esta anotación surgió de un comentario anónimo en otra anterior sobre los árboles de Dyson. Sacarla ahora parecía imprescindible después del reciente premio Nobel de química a Osamu Shimomura, Martin Chalfie y Roger Y. Tsien por sus estudios sobre la fluorescencia y su aplicación en la  investigación genética.  Podéis leer un estupendo resumen de la investigación que condujo al premio Nobel de química 2008  en Museo de la Ciencia.

Pero yo vengo a hablaros de otra idea. Afortunadamente, cada vez mas calles de nuestras ciudades tienen árboles para darles vida, reducir la contaminación y alegrar la vista. Pero todavía pueden hacer algo más. Modificados genéticamente  podrían convertirse en organismos bioluminiscentes. Imaginad hojas que brillan en la oscuridad con una iluminación difusa y mucho más agradable que la de una farola. La propuesta no es mía sino del arquitecto Alberto Estevez.
Fuente: Wikipedia
Pero primero, una pequeña explicación. La bioluminiscencia es un proceso biológico basado en quimioluminiscencia, es decir la producción de luz gracias a una reacción química. Como en una llama, aunque en este caso se pretende limitar al máximo la producción de calor y aumentar el porcentaje de energía que se desprende como luz. Los compuestos usados por la naturaleza reciben el nombre genérico de  luciferina y luciferasaSu composición exacta varía de unos seres a otros pero, en general, se combinan con oxigeno para emitir luz y formar otra molécula.  Esta luz puede usarse como camuflaje, para atraer presas o incluso como  forma de comunicación sencilla. En genética se han utilizado abundantemente como marcadores. La emisión de luz puede servir, por ejemplo,  para medir el éxito al introducir genes nuevos en una población de bacterias.  Si brilla ha funcionado. Y, si brilla mucho, hasta podría utilizarse como iluminación.
Sin embargo, aún nos queda bastante para desarrollar un organismo que podamos utilizar. Para empezar los niveles de iluminación son relativamente bajos. Una hoja no serviría como lámpara aunque la suma de cientos de hojas podría aportar una cantidad apreciable de luz. El color parece ser menor problemático. Jugando con la biología, los científicos han sido capaces de generar hasta 90 colores diferentes..

Puedo imaginar la primera aplicación, arbolitos de navidad que no requieran luces y  no consuman energía. Y un buen número de críticas. Para empezar, quizás no sea la más forma más eficiente. Después de todo, los aviones no vuelan como las aves y por buenas razones. Probablemente la mas importante sea que se trata de organismo modificados genéticamente que van a “dejarse sueltos” en la naturaleza. Hacerlos estériles seria una precaución razonable. Pero hay que recordar que estas plantas no van a utilizarse en la alimentación. No se trata de genes artificiales sino de integrar los ya que existen en otros animales. Y no creo que exista un riesgo importante de que se extiendan y dañen a la naturaleza. Después de todo, es muy difícil esconderse si brillas en la oscuridad. 

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Thalia