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telescopios en un mar de hielo

telescopios en un mar de hielo 

Casi desde su creación los telescopios tendieron a hacerse más y más grandes para aumentar su sensibilidad a las señales mas débiles. Pero cuando se trata de detectar partículas tan esquivas como losneutrinos  es necesario buscar algo más que tamaño. ¿Una posible solución? Convertir un kilometro cúbico de hielo en un gigantesco telescopio.
Los neutrinos son partículas procedentes de las reacciones nucleares que apenas interaccionan con la materia ordinaria. Tanto si son generadas en el interior de nuestro Sol como dentro de un reactor nuclear son capaces de atravesar la materia que les rodea sin ser detenidas. O casi. Se calcula que seria necesaria una pared de plomo de ¡un año-luz! de espesor para lograr detener con seguridad a la mitad de ellos. Sin embargo, es tan grande el número de neutrinos que nos atraviesan constantemente, a casi la velocidad de la luz, que un ínfimo porcentaje de ellos puede chocar contra un átomo y ser detectado gracias a la radiación de Cherenkov  producida a consecuencia del choque. Los físicos que buscan localizarlos han diseñado un telescopio basado en más de 4.000 de detectores de luz enterrados entre 1450 y 2450 metros de profundidad en el hielo antártico. Dado que tiene la forma aproximada de un cubo ha sido apropiadamente bautizado como  IceCube.
Este telescopio, aún en construcción, tiene como predecesor un sistema más pequeño denominado AMANDA (Antarctic Muon And Neutrino Detector Array ). La idea básica en la misma. Unos sensores de luz extraordinarias sensibles se colocan en líneas que rodean el cubo para detectar cualquier destello y determinar la trayectoria de la partícula responsable. Para ello es necesario perforar y volver a cerrar túneles de miles de metros a través de los bloques de hielo. Si alguien tiene curiosidad por ver los detalles de su construcción hay una interesante descripción, en inglés, en el siguiente vídeo.







Pero una vez superados los problemas de construcción, la localización tiene muchas ventajas. La profundidad bloquea otras partículas, como las procedentes de los rayos cósmicos, que podrían confundir las medidas. Y el aislamiento de la Antártica reduce el “ ruido” originado por la producción humana de neutrinos. Una vez acabado se calcula que podrá utilizarse durante unos 20 años. Desde luego el mantenimiento no parece nada fácil

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Thalia