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Buscando el monopolo

Podemos separar cargas eléctricas en positivas y negativas. Pero no podemos hacer lo mismo con los campos magnéticos. Por mucho que lo intentemos no hay forma de separar el polo positivo del negativo en un imán. Ni podemos crear un monopolo en un laboratorio. Aunque quizás eso este a punto de cambiar.

La teoría del electromagnetismo explico la relación entre campos magnéticos y eléctricos. Fue un enorme avance de la ciencia del siglo XIX y la base de la mayor parte de nuestra tecnología.  Mover electrones y cambiar campos magnéticos es la base de nuestros motores, generadores y electrodomésticos así que tenemos la seguridad de que la teoría funciona. Y, sin embargo, sigue habiendo detalles que no comprendemos del todo.

Uno de ellos, es la existencia o no de monopolos magnéticos. Un imán siempre tiene dos polos inseparables y esa es una diferencia sustancial frente a las cargas eléctricas que si pueden separarse en positivas y negativas. Esta es una inconsistencia que trae de cabeza a los científicos y les ha llevado a sugerir que también existen monopolos magnéticos. Pero el problema es que nadie los ha encontrado. Y desde luego los han buscado. Se han buscado en la Tierra. Se han buscado entre las estrellas y en la radiación cósmica que golpea nuestro planeta. Y siempre sin éxito. La teoría seria valida si existiese uno solo en todo el universo pero hay que encontrarlo. Quien lo haga, si lo hace, seria un candidato perfecto al premio Nobel.

Ya que la naturaleza no lo proporciona, la siguiente alternativa es construirlo. No es tan descabellado.  La teoría permitía crear materiales con reflectividad negativa capaces de hacernos invisibles a ciertas frecuencias. Pero solo en los últimos años ha sido posible fabricarlos. Tal vez los monopolos simplemente no existan en la naturaleza pero sea posible construirlo. Shou-Cheng Zhang es un físico que trabaja en el  Instituto Stanford para las ciencias de energía y materiales  y que piensa que es posible. De hecho, ha propuesto un  diseño teórico que permitiría fabricar uno.  Evidentemente hay una gran distancia entre la teoría y la práctica pero lo mismo sucedió con los materiales de reflectividad negativa. Y Zhang tiene detrás suficientes logros científicos  para tomarlo en serio.


Quizás los monopolos permanezcan mucho tiempo limitados a la teoría o se descubra finalmente que son imposibles y sigan el mismo destino que la mítica cavorita   de H.G. Wells.  Pero, de ser reales, seguro que les encontraríamos gran cantidad de nuevas aplicaciones. El universo sigue escondiendo sorpresas incluso en lugares que ya creemos conocer.  

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Thalia