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Sobre el papel de los quants en la crisis actual

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Sobre el papel de los quants en la crisis actual

Área: General — Martes, 14 de Abril de 2009
Algunos señalan a los físicos teóricos y matemáticos pasados al mundo de la economía como los culpables del actual caos financiero. Sin embargo las cosas no son tan claras como parecen.
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Desde los años setenta empezó a haber físicos y matemáticos diseñando instrumentos financieros y modelos computacionales para estudiar los mercados. Pero fue a partir de los noventa cuando fueron más numerosos. En Wall Street se conoce a estos profesionales como quants.
Durante los buenos tiempos de crecimiento económico los quants eran tratados como héroes y tenían altos salarios, pero parece que ahora son tratados como los malos de la película por una “industria” que parece haber abandonado sus esquemas. Según critican algunos expertos conservadores de ese mundo, los quants creyeron que podían hacer dinero de una manera fácil sin asumir las tareas y reglas básicas de la economía. 
Los quants son titulados por las mejores universidades y en teoría aplican sus conocimientos de física y matemáticas al complicado sistema que representan los mercados financieros. Algunos de ellos usan modelos matemáticos para analizar el riesgo o analizan inmensas cantidades de datos económicos para tratar de entender la tendencia de los precios. Otros controlan fondos de inversión o complejos productos financieros derivados.
Según algunos estudiar el comportamiento de las moléculas o del dinero es muy similar. De hecho cada día se publican más artículos científicos que intentan analizar los sistemas económicos. Se aplican toda clase de conocimientos, desde la teoría de grafos a la Física Estadística, pasando por la neurociencias.
La idea es que matemáticamente la estructura de los sistemas financieros o económicos no es muy distinta de la física que controla un gas o un sólido. En algunos procesos físicos, por ejemplo, el calor circula y se difunde por un recinto o por una superficie, y este comportamiento es similar a cómo los precios cambian en el tiempo.
Durante un tiempo cualquiera creía que podía desarrollar un modelo. Pero desarrollar un buen modelo no es sencillo (de hecho cualquier modelo, sea económico o no). Estos modelos económicos deben también de evaluar el riesgo asumido, algo que no siempre se hacía. De todos modos la gente sabía en el fondo que estaba asumiendo un alto riesgo, pero creía o quería creer que éste estaba respaldado por las “Matemáticas”.
Pero una cosa es la teoría o los resultados básicos obtenidos bajo una perspectiva más o menos científica y otra muy distinta lo que algunos de estos “expertos” terminaron creando. Muchas veces sus creaciones eran productos exóticos poco claros que funcionaban como una caja negra, de tal modo que los demás no sabían muy bien qué había dentro. El 70% de los fondos de inversión estaban basados casi enteramente en este tipo productos. La matemática que había detrás era tan compleja que hacía que estos productos fueran más oscuros si cabe. Incluso los agentes tenían dificultades para entender estos “entes”, y ni sabían cómo venderlos. Sin embargo, al final consiguieron colocar estos productos en el mercado. Productos que alguno calificó ya en su tiempo como armas financiaras de destrucción masiva. Por desgracia estas advertencias no fueron escuchadas.
Productos de nombres exóticos como Collateralized Debt Obligations (CDOs) oCollateralized Mortgage Obligation (CMO) se transformaron en instrumentos para maquillar deudas “tóxicas” del mercado inmobiliario y así obtener bonos que parecían limpios y seguros. Aparentemente habían descubierto cómo vencer al sistema de tal modo que transformaban malos productos financieros contaminados de hipotecas basura en productos que aparentaban estar libres de riesgo. Habían encontrado la piedra filosofal que transformaba el plomo en oro.
Estos modelos y productos contrastaban con otros procedentes del mundo académico que advertían de los problemas que se avecinaban.
La realidad terminó por imponerse. Así por ejemplo, dos de estos quants, Robert Merton y Myron Scholes, que ganaron el premio Nobel de economía en 1997 Nobel por sus estudios en el mercado de valores, vieron como su fondo de inversión colapsaba el año pasado.
Todo el tinglado se basaba en una premisa: que el mercado inmobiliario no dejaría de subir*. Pero el precio de la vivienda cayó y los propietarios de vivienda bajo “hipotecas basura” dejaron de pagar en masa, desencadenando la actual crisis de un sistema financiero que se basaba en el fondo en una estructura de timo piramidal.
Estos hipotecados no tenían desde el principio los ingresos necesarios para afrontar una hipoteca, pero se les concedía de todos modos. Con ello se mantenía la subida de los precios y se creía (¿o se esperaba?) que si dejaban de pagar, las ganancias estaban aseguradas al recuperarse una casa revalorizada que se podía vender de nuevo. En el fondo los bancos y empresas usaron una necesidad básica como la vivienda para a aprovecharse de las clases bajas en su propio beneficio** y esto tiene poco que ver con modelos informáticos.
Algunos culpan de todo este desastre a tareas que deberían de realizar humanos expertos en la materia, y que se adjudicaron a ordenadores y complejos modelos informáticos. Pero un modelo computerizado no tiene el juicio que tiene un humano ni es capaz de ver más allá de unas fórmulas. Y es que quizás el mercado tenga poco de científico y sí mucho de psicológico.
El origen del mal está claro en este caso, pero el proceso de maquillaje de productos empeoró aún más una situación que se estaba tornando más y más volátil.
Otros culpan a los agentes financieros y no a los quants del desaguisado. Según éstos fueron los agentes los que se vendaron los ojos y no escucharon los riesgos que estaban asumiendo. La fe ciega (o la codicia) no les dejaba pensar con claridad, pues mientras había beneficios todo parecía ir bien. Ahora los quants serían simplemente los chivos expiatorios.
Es fácil ahora señalar con el dedo a unos y otros, pues nadie quiere asumir la derrota, que en este caso representa el mayor descalabro financiero de los últimos tiempos y cuyo final no parece ni claro ni cercano.
Algunos siguen creyendo que hay que dejar que más físicos y matemáticos participen en el sistema financiero, que son los que pueden finalmente resolver la situación. Ya se verá.
Lo que no está claro es si el lenguaje que hablan estos expertos, como científicos, es el mismo que hablan los economistas tradicionales o si al aterrizar en ese mundo losquants dejan de hablar el lenguaje de la ciencia para hablar el del beneficio. Porque, ¿a quién le importa la verdad mientras se gana mucho dinero? Cuando hablan u opinan, ¿lo hacen en calidad de científicos o en calidad de financieros? ¿Se dota de una aura de ciencia a lo que es simple codicia? ¿Pierden estos señores la objetividad cuando se ven rodeados de toneladas de dinero?
En todo caso parece que la actual crisis será una cura de humildad para muchos. Quizás podamos empezar por lo más sencillo y elemental: el dinero, como la energía, se conserva; ni se crea ni se destruye, simplemente cambia de manos.
Fuentes y referencias:
Podcast con entrevista en la NPR (mp3 en inglés).
Noticia de 2006 sobre el colapso inmobiliario.
Foto cabecera: “Wall Street” por f-l-e-x, vía Flickr.
* Esta fe ciega o locura colectiva afectó a muchos “inversores” (incluso a personas corrientes), también de otros países, que confundían los deseos con la realidad, aunque durante un tiempo incluso consiguieron modificarla. Este estado de histeria experimenta un transición de fase justo cuando al reventar la burbuja alguien grita eso de: “tonto el último.”
** Esto es obviamente aplicable a otras latitudes geográficas distinta a la norteamericana.

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Thalia