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Brasil definirá al sucesor de Lula en balotaje

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El sucesor de Lula, a segunda vuelta

La oficialista Dilma Rousseff no logró la mayoría absoluta y ahora enfrentará sólo al ex gobernador José Serra. Detalles

La candidata presidencial de Brasil Dilma Rousseff, da un discurso luego de conocer los resultados de las elecciones en Brasilia. Oct. 3 2010 Brasil definirá a su próximo presidente en una segunda vuelta electoral entre la oficialista Dilma Rousseff y el ex gobernador José Serra, después de que la protegida del presidente Luiz Inácio Lula da Silva no lograra el domingo una mayoría absoluta para consagrarse. REUTERS/Ricardo MoraesDilma Rousseff  y el ex gobernador José Serra / Agência Estado

2 horas, 15 minutos
Por Brian Winter
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SAO PAULO (Reuters) - Brasil definirá a su próximo presidente en una segunda vuelta electoral entre la oficialista Dilma Rousseff y el ex gobernador José Serra, después de que la protegida del presidente Luiz Inácio Lula da Silva no lograra el domingo una mayoría absoluta para consagrarse.
Rousseff, que busca ser la primera mujer en tomar las riendas de Brasil, obtenía el 46,68 por ciento de los votos con el 98,24 por ciento de los sufragios computados, según los resultados de la autoridad electoral.
La candidata oficialista no llegó a sumar el 51 por ciento necesario para triunfar en primera ronda, a la sombra de un escándalo de corrupción de último momento en el partido gobernante y dudas sobre su postura frente a problemáticas de corte social como el aborto.
El presidente del Tribunal Supremo Electoral, Ricardo Lewandowski, confirmó a periodistas que la presidencia se definirá en un balotaje.
Ahora, la ex jefa del Gabinete de Lula tendrá que medirse el 31 de octubre con su rival más cercano, Serra, que conseguía un 32,70 por ciento de los votos. El inesperado surgimiento de Marina Silva, del Partido Verde, con un 19,46 por ciento de los votos también habría sido a costa del oficialismo.
A pesar de todo, Rousseff es favorita para derrotar a Serra en el balotaje, aunque una victoria en primera ronda le habría dado un mandato más fuerte para impulsar reformas como una iniciativa para modificar las leyes impositivas de Brasil.
La candidata oficialista, ex líder guerrillera, construyó su campaña sobre el fuerte apoyo del popular presidente saliente Lula, cuyas políticas de centroizquierda impulsaron un crecimiento económico sostenido y convirtieron al país en uno de los mercados emergentes más atractivos del mundo.
Más de 20 millones de brasileños salieron de la pobreza en los ocho años, dos mandatos consecutivos, en los que gobernó Lula. Su mezcla de programas de bienestar social y políticas de mercado han sido populares.
"Mi congelador está lleno de carne y no nos falta nada", dijo Antonia Monteiro da Silva, una mujer de 53 años que trabaja limpiando casas y que votó en Brasilia, refiriéndose a las políticas de Lula.
Y dijo que votó por Rousseff "porque debería continuar el trabajo que Lula estaba realizando".
Sin embargo, en las últimas semanas acusaciones contra la jefa de Gabinete de Lula y ex brazo derecho de Rousseff por tráfico de influencias y preguntas entre cristianos evangélicos sobre la posición de Rousseff frente al aborto y otros temas, parecen haber inyectado suficiente duda en los votantes como para costarle su victoria en primera vuelta.
Valdeci Baiao da Silva, un oficial de seguridad en Brasilia, dijo que la bonanza económica lo convirtió en simpatizante de Lula, pero el domingo votó por Serra porque creía que Rousseff parecía impredecible.
"Creo que hasta podría decepcionarlo" a Lula, dijo.
"SOLAMENTE OTROS 30 DIAS"
La abanderada oficialista fue filosófica cuando le consultaron sobre un posible balotaje cuando fue a votar en la ciudad sureña de Porto Alegre.
"Más allá de lo que ocurra, creo que lo que te da el triunfo es la buena batalla que has llevado adelante", dijo.
Lula, a quien la ley le impide postularse como presidente para un tercer mandato consecutivo, votó en una zona industrial de Sao Paulo y dijo que si Rousseff no lograba ganar en primera ronda le tomaría "solamente otros 30 días".
Serra, un ex ministro de salud de 68 años y ex gobernador de Sao Paulo que podría estar compitiendo en su última campaña, ha prometido liderar un Gobierno centrista que probablemente sería menos intervencionista que el de Rousseff.
"Por el bien de Brasil, si Dios quieres, nos vamos a segunda vuelta", dijo Serra el domingo.
Rousseff no tiene el carisma de Lula y ha descartado realizar grandes cambios a las leyes laborales y otras reformas que muchos inversores dicen que son necesarias para mantener el crecimiento de Brasil.
Pero se posicionó convincentemente como la mejor candidata para abordar problemas de infraestructura y educativos y mantener al país en la influyente élite de mercados emergentes, entre los que figuran China, Rusia e India.
Los sondeos de opinión antes de la elección le daban a Rousseff un respaldo de alrededor del 50 por ciento y una clara ventaja sobre Serra, impulsada por el auge económico que vive el país.
La candidata recibió un golpe el mes pasado con un artículo publicado en la revista de noticias Veja en el que se detallaba un caso de corrupción que salpicaba a la jefa de Gabinete y refrescó a muchos votantes otros escándalos que han empañado en el pasado al oficialista Partido de los Trabajadores.
Según las encuestas, Rousseff también sufrió un leve descenso en el apoyo entre los millones de cristianos evangélicos de Brasil, debido a comentarios que formuló en el pasado defendiendo la despenalización del aborto.
"Estamos diciendo por favor no voten por el Partido de los Trabajadores porque sus políticas son terribles. Aprueba la homosexualidad, el lesbianismo y está a favor del aborto", dijo el pastor Otaviano Miguel da Silva a parroquianos el domingo por la mañana en la Iglesia Asamblea de Dios en Brasilia.
Brasil es mayormente católico, pero los evangélicos están creciendo.
La ex ministra de medioambiente Silva, una cristiana evangélica, consiguió el apoyo de muchos de los desertores de Rousseff en las últimas semanas y el domingo obtuvo más votos de lo esperado.
Rousseff ha prometido concentrarse en la eficiencia del Gobierno y en eliminar obstáculos burocráticos a proyectos de infraestructura que Brasil necesita para ser anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016.
(Reporte adicional de Hugo Bachega en Sao Bernardo do Campo, Ana Nicolaci da Costa en Brasilia y Sinara Sandri en Porto Alegre. Editado en español por Ricardo Figueroa, Marion Giraldo, Pablo Garibian y Damián Wroclavsky)

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