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Infidelidad y ovulación

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Infidelidad y ovulación

Área: Psicología — Lunes, 3 de Marzo de 2008
Las preferencias de las mujeres en cuanto a pareja sexual cambian con el ciclo menstrual de tal modo que para las mujeres un hombre soltero sin ataduras es más atractivo cuando ésta es más fértil. Esto incrementaría las posibilidades de quedarse embarazada.
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Se sabía que las mujeres son más proclives a engañar a sus parejas en los momentos en que pueden quedarse embarazadas más fácilmente. Quizás esto explique por qué en Occidente el padre biológico de uno de cada 12 niños (la estadística puede variar según la fuente y país, pero las pruebas de ADN de ahora no mienten) no se corresponde con el oficial. También se ha podido comprobar que las mujeres son en general más amorosas en los días en los que están ovulando.
Ahora en un estudio psicológico reciente, en el que se pretendía saber cómo y por qué las mujeres se ven atraídas por determinados hombres (algo que siempre ha sido sumamente misterioso), las investigadoras Paola Bressan y Debora Stranieri han encontrado que el interés de las mujeres cambia según el ciclo menstrual. De este modo las mujeres emparejadas se ven atraídas por hombres solteros cuando están ovulando (cuando son más fértiles y proclives a quedarse embarazadas), pero estas mismas mujeres se ven también atraídas por hombres emparejados cuando no pueden quedarse embarazadas. 
La razón que las investigadoras sugieren es que cuando la mujeres creen poder tener un lío amoroso subconscientemente seleccionan a un hombre plausible de ser su pareja cuando pueden quedarse embarazadas. En esas circunstancias elegir a un hombre ya emparejado sería una pérdida de tiempo, pues el hombre puede negarse al tener ya pareja, y peligroso, ya que se elevan las posibilidades de que los pillen.
Las autoras del estudio sugieren que en la prehistoria las mujeres que se veían atraídas por hombres no emparejados tenían más éxito reproductivo y pasaban los genes a sus hijas, incluyendo aquellos que les incitaban a ese tipo de elección. Esto habría llegado hasta nuestros días como una preferencia subconsciente.
Para explicar la atracción por hombres ya emparejados en periodos no fértiles las autoras sugieren que las mujeres siempre ven a los hombres como posibles reemplazos a sus parejas, y a un hombre ya emparejado o casado se le suponen las habilidades necesarias para llevar una relación de pareja a largo plazo, mientras que en el soltero no sería así. Incluso ellas tienden a sospechar de todo hombre que todavía “esté en el mercado”, según las autoras.
Al parecer las mujeres solteras no muestran esta variación en las preferencias sexuales, no importándoles si un hombre está soltero o no.
En muchos animales monógamos (incluyendo a los humanos) los machos con alta calidad genética son menos proclives a invertir tiempo en el cuidado de los hijos que aquellos que tienen baja calidad genética. Esto se explicaría debido a que las hembras ven a los machos con buenos genes deseables debido a la posible calidad de la descendencia (y sus mejores probabilidades de sobrevivir) y son capaces de sacrificarse o de arriesgarse a que las abandonen. Los machos con peor calidad genética aportarían cuidados a la descendencia, ayudando así a su supervivencia.
Dadas estas realidades una de las estrategias de las hembras consiste en entablar una relación a largo plazo con un macho con baja calidad genética y secretamente engañarle con uno de alta calidad genética. El único problema es que cuando son sorprendidas en el engaño, pues los machos que mantienen la relación a largo plazo suelen atacar a las hembras adulteras en el mundo animal. En humanos puede haber otro tipo de correctivos.
Bressan y Stranieri se plantean si estos factores han hecho que las mujeres optimicen el tipo de elección durante su ciclo menstrual para maximizar beneficios y reducir riesgos.
Para el estudio entrevistaron a 200 mujeres mitad emparejadas y mitad no. Las voluntarias tenían que calificar una serie de fotos de hombres en las que se decía si eran solteros, casados o si tenían relación de pareja. Los hombres sin compromiso eran elegidos por las mujeres emparejadas en un porcentaje superior cuando estaban ovulando que cuando no lo estaban. Este efecto era más pronunciado cuando los hombres sin compromiso tenían facciones más masculinas, como una mandíbula prominente.
Algunos investigadores dicen que este estudio probaría que en la especie humana las hembras estarían en celo periódicamente, algo que se creía perdido en nuestra especie.
En todo caso el amor romántico interfería en todo este trasfondo biológico.
Este estudio es una advertencia hacía aquellas mujeres que engañen a sus parejas, pues justo cuando más deseen echar una cana al aire más posibilidades tienen de quedarse embarazadas.
Los maridos, por otro lado, pueden ahora usar un bastoncito de algodón de los de CSI y mandarlo al laboratorio genético para estar seguros.

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Thalia