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La felicidad no depende de la genética

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La felicidad no depende de la genética

Área: Psicología — Martes, 12 de Octubre de 2010
Según un estudio la felicidad depende de pequeñas cosas como el altruismo, la familia, ir a la iglesia, mantener un peso adecuado y tener una pareja alegre.
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Clifford Stern, el personaje interpretado por Woody Allen en “Delitos y Faltas” realiza un documental sobre el profesor Levy, un supuesto sabio desconocido que parece tener respuesta a los grandes interrogantes de la vida, mientras que Clifford tiene que hacer trabajos que no le gustan para poder sobrevivir. Según este profesor ficticio todos nosotros tenemos que enfrentarnos en nuestras vidas a decisiones agónicas, decisiones morales. “Pero nos definimos a nosotros mismos por las elecciones que hemos tomado. Somos, de hecho, la suma de todas nuestras decisiones. Los eventos se desarrollan tan impredeciblemente, tan injustamente que la felicidad humana no parece estar incluida en el diseño de la creación. Es solamente nosotros, con nuestra capacidad de amar, los que dotamos de sentido a un universo indiferente. Y aún así, la mayoría de los seres humanos parece tener la habilidad de seguir intentando e incluso tratando de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, como su familia, su trabajo y en la esperanza de que futuras generaciones puedan entenderlo mejor.” 
Obviamente el profesor Levy no tiene todas las respuestas que nos gustaría tener. La ciencia tampoco. Puede que incluso las novelas o películas sean mejores modelos de la realidad humana que la ciencia a la hora de explicar algo tan intangible como “la felicidad”. Si queremos estudiar la felicidad desde el punto de vista científico puede que no nos quede más remedio que realizar encuestas a la gente y ver que decisiones o factores han sido decisivos en sus vidas a la hora de alcanzar cierta felicidad.
Bruce Headey, profesor en la Universidad de Melburne, y su equipo de colaboradores han realizado precisamente esto mismo. Estos investigadores empezaron entrevistando a 3000 personas al año, pero han terminado entrevistando a 60.000 anualmente al final del periodo de 25 años que ha durado hasta ahora el estudio.
Llegan a la conclusión de que la elección de una pareja apropiada, ir o no a la iglesia y la estima que se tenga del propio cuerpo son determinantes a la hora de alcanzar la felicidad. Este resultado desafía la teoría aceptada hasta ahora según la cual la felicidad estaría predeterminada por lo genes.
Según esta teoría la felicidad a largo plazo de los individuos tiende a estabilizarse porque depende principalmente de factores genéticos. Esta idea se basa en parte en estudios sobre gemelos que muestran que si son genéticamente idénticos tienen niveles más similares de satisfacción respecto a la vida comparados con gemelos que no sean idénticos. Estos estudios sugieren además que aunque el nivel de felicidad puede ocasionalmente cambiar bruscamente debido a eventos importantes que puedan aparecer en la vida, se retorna siempre a los niveles previos de felicidad al cabo de dos años o menos.
Sin embargo, según este nuevo estudio, ciertos cambios en el estilo de vida dan lugar a cambios significativos a largo plazo en la felicidad, en lugar de provocar solamente cambios temporales según la teoría antes explicada.
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Una de las mayores influencias sobre la felicidad de las personas es el nivel de neuroticismo de la pareja sentimental.
El neuroticismo es un término psicológico correspondiente a un rasgo psicológico que define una parte de la personalidad. Los que puntúan alto en los test sobre este rasgo tienen inestabilidad emocional, inseguridad, tasas altas de ansiedad, estado continuo de preocupación y tensión, con tendencia a la culpabilidad y generalmente poseen una sintomatología psicosomática.
Según este estudio, aquellas personas cuyas parejas puntúan alto en este rasgo son más propensas a ser infelices y permanecen infelices durante el tiempo que dure su relación.
Otros factores importantes respecto a la felicidad según este estudio son el altruismo y la familia. Las personas que en las entrevistas tenían como prioridad en la vida mantener comportamientos altruistas eran recompensadas con un aumento de la satisfacción vital a largo plazo. Lo mismo se podía decir de aquellos que mantenían metas familiares.
Por el contrario, aquellos que priorizaban la carrera profesional o el éxito material experimentaban el efecto contrario.
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Mantener un compromiso religioso parece también aumentar la felicidad. Las personas que van a la iglesia regularmente parecen ser más felices que la gente no religiosa.
El peso de la persona es también un factor importante relacionado con la felicidad, especialmente en el caso de las mujeres. Las mujeres con sobrepeso eran significativamente menos felices que las que tenían un peso adecuado. Los hombres excesivamente delgados puntuaron ligeramente por debajo en términos de satisfacción vital que los hombres con un peso sano. Sin embargo, el sobrepeso no parece afectar a la felicidad de los hombres.
Según este grupo de investigadores los hallazgos puede que también sean aplicables a otras poblaciones, pues en otro estudio aún sin publicar sobre Reino Unido y Australia dicen haber encontrado patrones similares.
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Así que si quiere ser feliz ya sabe la receta: conviva con una persona alegre y positiva, manténgase en un peso ideal, vaya a la iglesia con regularidad, colabore con los demás altruistamente, ayude a la familia y no se centre demasiado en su carrera o en el dinero.
Si nos fijamos en lo anterior es poco más o menos lo que decía el profesor Levy, aunque a él no le ayudó mucho saber esta receta, pues hacia el final de la película se suicida. El sabio dejó, eso sí, una nota no demasiado profunda como último pensamiento: “He saltado por la ventana”.
Quizás el asunto de la felicidad sea más complicado que todo esto, o puede que no todo en la vida dependa de la felicidad. Puede que si todos fuéramos completamente felices no habría ni siquiera novelas o películas. Nadie crea si es completamente feliz, pues está muy ocupado siendo feliz.
Alguien verdaderamente inteligente busca la felicidad, pero puede que deje de serlo en el mismo momento que la encuentre. Aunque lo más probable es que nunca la halle.
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Thalia