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Paremos, calma, calma…

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Paremos, calma, calma…

Si vas por la vida con el acelerador a mil... / Foto: iStockphoto

Si vas por la vida con el acelerador a mil...

Te damos algunas recomendaciones para hacer un alto, bajar el ritmo y empezar a disfrutar. Tomá nota

Por: Daniela Di Segni, el 15 de septiembre de 2010, 05:18 AM
Correr se ha vuelto una forma de vida en las grandes ciudades. Corren los adultos, corren los jóvenes y corren los niños. Todos tenemos agendas demasiado llenas que, para ser cumplidas, implican ir de un lugar a otro corriendo, comer apurados y hasta dormir apurados y mucho menos de lo necesario.
La vida se fue acelerando, imperceptible pero constantemente, por la mayor oferta de posibilidades de la sociedad de consumo. Hay que tener más bienes, se puede tener más de un trabajo,  existen muchas maneras de divertirse, queremos viajar. Hay que elegir todo el tiempo y  siempre queda un resabio de insatisfacción porque es imposible hacer o  tener  todo lo que se desea.
Factores indudables de esa aceleración son la televisión, los celulares y las computadoras, con las redes sociales, que nos permiten hacer/decir/ver todo al instante. Nuestros abuelos partían para América y, suponiendo que pudieran y quisieran escribir, difícilmente tuvieran noticias más de dos o tres veces por año sólo por lo que tardaban las cartas en ir y venir. Hoy, cualquiera de nosotros está permanentemente on line y si el correo demora unos segundos más de lo habitual en bajar los e-mails sentimos que estamos perdiendo el tiempo y que deberíamos cambiar la notebook. Si seguimos corriendo así  vamos a pretender  que se invente un modo de concebir hijos en dos meses, que la escuela se compacte de doce a cuatro años y la universidad a uno.
La pregunta es: ¿para qué corremos tanto? ¿A donde queremos llegar antes? ¿Antes de qué? ¿Cuantos problemas nos causa el apuro? Se deteriora nuestra salud porque vamos en contra del ritmo natural del cuerpo y no respetamos sus necesidades. Sufrimos accidentes porque aceleramos para llegar al lugar de vacaciones como si la playa a la que nos dirigimos  pudiera huir de donde está.
Napoleón le pedía a su ayudante: "Vísteme despacio que estoy apurado", porque sabía que lo que se hace de prisa a menudo hay que hacerlo dos veces; el supuesto ahorro de tiempo al apurarse es en realidad un desperdicio. Ya ni siquiera paramos los domingos porque los negocios siguen abiertos. Corremos para ganar más, para ver más gente, para tener más sexo, para tener más cosas, pero, ¿vale la pena?
No tenemos paciencia para esperar, para ver crecer nuestros hijos y florecer nuestros jardines. Los vinos, los quesos, los trabajos necesitan tiempo para ser buenos. Un peluquero o un cirujano apurados pueden hacer un desastre igual que un albañil con una pared o un artista que talla una piedra. Olvidamos que Roma no se hizo en un día y que llevó varios siglos construir algunas catedrales.
En los tiempos preindustriales la humanidad respetaba los ciclos naturales del organismo. Hoy ni siquiera sabemos que existen. Aprovechamos la tecnología para ganar tiempo, eso está bien; pero no aprovechar ese tiempo ganado para saborear todo lo que se hace, es un error.
Hay maneras de frenar
(Algunas de las enumeradas provienen del decálogo de Carl Honoré (http://www.carlhonore.com/) el autor de "Elogio de la Lentitud")
* Tomarse un tiempo para establecer prioridades y dejar de lado lo no indispensable de manera de no llenar demasiado el día.
* Es necesario tener una agenda pero no hay que dejar que nos gobierne.
* Destinar el tiempo suficiente para comer tranquilos, en familia o con amigos, saboreando los bocados, con la TV apagada.
* Dedicar un día por semana al descanso para hacer sólo lo que se desea (o nada) en vez de llenarlo de actividades.
* Apagar los celulares, computadoras y demás electrónicos para conversar en familia.
* Concentrarse en cada actividad que se realiza y no hacer muchas cosas a la vez.
* Buscar un hobby tranquilo, preferentemente manual. Algunas actividades antiguas, y algo olvidadas, como el bordado, el tejido y la tapicería son ideales por lo relajantes; la jardinería, aunque sea en pocas macetas, también.
* Practicar meditación y yoga ayudan a relajarse y al bienestar general.
¿Tienes otras formas de desacelerar?

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