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Estudian el mecanismo de toma de decisiones

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Estudian el mecanismo de toma de decisiones

Área: Neurología — Miércoles, 23 de Abril de 2008
Unos científicos han explorado recientemente un circuito cerebral relacionado con la toma de decisiones. Este hallazgo ayudará, por ejemplo, en las investigaciones para el desarrollo de prótesis.
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¿Qué nos diferencia de los demás animales? Muchas de las características que juzgamos humanas están presentes, en menor grado, en ellos. Pero hay una que juzgamos exclusivamente nuestra: el libre albedrío. Los filósofos han vertido ríos de tinta sobre este concepto durante siglos, manteniendo posturas diversas. El hombre cree o sueña que es libre y en consecuencia planifica su futuro tomando decisiones.
Pero, ¿cómo tomamos nuestras decisiones? Asumiendo que todo lo que somos: nuestra personalidad, recuerdos, sentimientos están en nuestro cerebro, también lo debe de estar el mecanismo de toma de decisiones. Independientemente de que seamos o no una máquina determinista, es interesante la exploración científica del cerebro que las modernas neurociencias nos permiten. Los neurólogos pueden demostrar que incluso en este aspecto también tenemos cosas en común con algunos animales. 
Unos científicos han explorado recientemente un circuito cerebral relacionado con la toma de decisiones. Este circuito activa la habilidad de ejecutar decisiones. Según ellos el cerebro funciona mejor cuando se le cambia la rutina habitual. Este hallazgo ayudará en las investigaciones para el desarrollo de prótesis y para saber cómo se toman las decisiones “insanas”.
Richard Andersen, investigador del Caltech y líder de la investigación, dice que es fascinante cómo decidimos hacer cosas y añade que el proceso de toma de decisiones no se comprende todavía bien.
Este investigador y sus colaboradores estudiaron cómo interactúan las diferentes regiones del cerebro durante el proceso de decidir un movimiento planificado.
Estos investigadores se centraron en el córtex cerebral, la parte “más humana” del cerebro donde, por ejemplo, procesamos el lenguaje o la conciencia del mundo exterior. Encontraron que cuando las opciones están disponibles el córtex frontal y parietal se transmiten claras señales de intercambio entre ellos una y otra vez. Por el contrario, cuando un decisión y el camino a su ejecución son estrictamente dictadas, la correlación entre estas regiones es significativamente más débil.
Este descubrimiento muestra que las diferentes partes del cerebro están trabajando juntas. La región premotora del córtex primero crea un plan, entonces una vez que la señal viaja al córtex parietal, esta segunda región devuelve un “apretón de manos” como si quisiera decir, “de acuerdo, lo tengo”.
Para examinar el circuido relacionado con la toma de decisiones, se empleó a unos monos macho entrenados especialmente para obtener un premio al apretar secuencialmente una serie de iconos de diversas formas en la pantalla táctil de un ordenador. Entonces se les presentó una disposición con sólo círculos en la que sólo una secuencia arbitraria proporcionaba la recompensa. Los monos tocaban los círculos en diverso orden en cada intento, cosa que sugería que estaban tomando sus propias decisiones, conscientes de que al aparecer sólo un tipo de figura eran libres de elegir y que finalmente conseguirían una recompensa.
Durante el experimento los monos llevaban implantados unos electrodos en puntos específicos de sus cerebros que permitían registrar la actividad neuronal en tiempo real que se grababa para su ulterior análisis.
Cuando los monos tomaban sus propias decisiones, los investigadores pudieron ver que la banda de frecuencias para los potenciales de acción de unas neuronas del área cortical encajaban con la banda frecuencia en otra región. Esa coherencia era muchos más débil cuando los monos simplemente seguían las instrucciones.
Según Anderse puede que sea más difícil tomar tus propias decisiones y puede que esté relacionado con el aumento de coherencia mencionada. Las células que exhiben coherencia son además las primeras en mostrar la dirección que el mono decidió tomar.
Las implicaciones de este descubrimiento son muchas. Por ejemplo, ¿cómo alguien crea las preferencias y planea los movimientos de una prótesis? Otros objetos de estudio que se pueden ver beneficiados son las adicciones, fatiga, vejez y otros condicionantes que pueden conducir a la toma de decisiones equivocadas.
Una vez que la región del cerebro responsable de la libre elección sea descifrada, puede que las malas decisiones se entiendan mejor.
Fuentes y referencias:
Caltech.
Artículo en Nature (resumen).
Foto: Decisions, por y –Jlu, vía Flickr.

Prejuicio racial y sexista

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Prejuicio racial y sexista

Área: Neurología — Lunes, 19 de Abril de 2010
Los niños con síndrome de Williams presentan prejuicios asociados al género, pero no a la raza. Esto representaría el primer ejemplo de dos estereotipos biológicamente separados.
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Los humanos tenemos prejuicios. Un prejuicio típico es el de los estereotipos raciales. Y es que, en el fondo, todos somos un poquito racistas y vemos al que es diferente de una manera distinta a como vemos a las personas de nuestra propia raza. Probablemente haya causas evolutivas y biológicas que expliquen este prejuicio, aunque nunca serán una excusa para comportarse mal con los que son diferentes.
Sin embargo, parece que hay personas que están libres de este tipo de prejuicio, no solamente desde el momento en que nacen, sino incluso después. Niños con un desorden neurológico denominado síndrome de Williams son amigables porque no tienen miedo a los desconocidos. Ahora un estudio muestra que estos niños además no desarrollan aptitudes negativas acerca de otros grupos étnicos, aunque sí muestren estereotipos asociados al género, es decir, sexistas. 
Según Andreas Meyer-Lindenberg, director del Instituto central de Salud Mental en Mannheim (Alemania), es la primera prueba que demuestra que diferentes tipos de estereotipos están disociados biológicamente.
Los adultos con este síndrome muestran una actividad anormal en la amígdala, que es la región cerebral asociada a las amenazas sociales, y que dispara reacciones inconscientes negativas ante la presencia de otras razas. La influencia de la raza ha sido asociada al miedo. Los adultos son más propensos a asociar objetos y eventos negativos con personas de otros grupos étnicos que con gente de su propio grupo. Pero según Meyer-Lindenberg su estudio ofrece una prueba importante de que el miedo social da lugar al estereotipo racial.
El equipo de investigadores mostró 18 fotos a 20 niños blancos de origen europeo de entre 5 y 16 años con y sin este síndrome. Entonces se les pidió que eligieran a individuos de las fotos para efectuar actividades ligadas al género, como jugar con muñecas. Ambos grupos presentaban el mismo patrón de estereotipo ligado al género.
Luego se les habló de individuos con atributos negativos o positivos y se les pidió elegir personajes para un cuento moral entre un conjunto de fotos de personas con distintos tonos de piel. Uno de los cuentos podía ser el siguiente: “Sean dos niños pequeños. Uno de ellos, que tiene buen corazón, ve un gatito caer a un lago y lo rescata de morir ahogado. ¿Cuál de ellos es el niño con buen corazón?”
Los niños sin el síndrome favorecieron con características positivas a los niños de las fotos que tenían piel clara, asociando las negativas a los de piel oscura, algo consistente con los estudios previos. Sin embargo, los niños con el síndrome no estaban condicionados por el color de la piel. Según Meyer-Lindenberg la conclusión es que el miedo social no es necesario para el estereotipo de género, pero es importante para el estereotipo racial.
El resultado sugiere que el miedo social contribuye al estereotipo racial, pero las personas con este síndrome tienen problemas cognitivos, como retraso mental, lo que esto también podría jugar un papel en el asunto.
Según John Gabrieli, del MIT, aunque los investigadores tuvieron en cuenta el factor socioeconómico, los niños con y sin el síndrome puede que hayan tenido distintas experiencias con grupos raciales y que a cierto nivel hayan sido expuestos por sus padres a estereotipos ligados al género, pero que no todos hayan sido expuestos a estereotipos raciales por los padres. Esto podría explicar la falta de prejuicio racial en los niños con el síndrome.
Meyer-Lindenberg cree que podrá replicar el hallazgo en muestras más grandes y estudiar los distintos mecanismos neurológicos implicados. También espera determinar si este tipo de estereotipos están determinados genéticamente o están basados en la experiencia.
Lo más importante de este estudio, según él, es que dos estereotipos estén biológicamente separados.
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=3102
Fuentes y referencias:
Noticia en Nature.
Artículo original.
Foto cabecera: US Army