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Otro asteroide amenaza la Tierra

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Otro asteroide amenaza la Tierra

Área: Espacio — Martes, 14 de Marzo de 2006
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Asteroide 951 Gaspra. Foto: NASA.
Las observaciones realizadas por astrónomos en busca de objetos celestes que puedan producir una catástrofe sobre la Tierra permiten sugerir un impacto el 4 de mayo de 2102.
No obstante, se necesitarán nuevas observaciones adicionales para confirmar la predicción porque la órbita de estos objetos puede cambiar en el transcurso del tiempo.
El asteroide en cuestión es 2004 VD17, que fue descubierto previamente por especialistas del MIT en el proyecto LINEAR. El nivel de peligrosidad en este caso se cifra en un 2 en la escala de Torino.
La escala de Torino, que es una escala relativa, se adoptó en 1999 y sería similar a la escala Richter que mide la intensidad de los terremotos. Asigna un número a cada asteroide tipo NEO que son los que cruzan la órbita terrestre. El 0 significa que no hay peligrosidad, niveles 2, 3 y 4 son de peligrosidad amarilla, 5, 6 y 7 naranja y 8, 9 y 10 roja. 
El nivel más alto alcanzado hasta ahora ha sido el 4 para Apophis (2004 MN4) en 2004, pero posteriores cálculos lo rebajaron a nivel 1. Apophis, que mide unos 300 metros de diámetro podría impactar sobre la Tierra el 13 de abril de 2029.
De momento aunque 2004 VD17 encabeza la lista hay que decir que el nivel 2 no es alarmante.
En este caso hay una probabilidad en 1600 de que este asteroide impacte sobre la Tierra en 2102 y una entre 500.000 que lo haga dos años más tarde, pero se necesita recalcular la órbita para afinar los cálculos.
Desde 1998 a 2008 la NASA, bajo mandato del Congreso de los Estados Unidos, intenta localizar el 90% de todos los NEO de 1 kilómetro o mayores. Hasta ahora se han encontrado 830 de los predichos 1100 y miles de otros objetos menores.
Se estima que haya 100.000 objetos NEO de un tamaño mayor que 140 metros en diámetro, pero encontrar el 90% de ellos requeriría unos 300 millones de dólares.
El asteroide 2004 VD17 tiene un diámetro estimado de unos 580 metros y, en caso de colisión con la Tierra, su impacto produciría un cráter de unos 10 kilómetros y un terremoto de 7,4 en la escala Richter.

Gemelo de la Tierra, en cinco años: astrónomo

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Gemelo de la Tierra, en cinco años: astrónomo

viernes 10 de septiembre, 1:34 PM
El planeta Tierra / Foto: iStockphoto

¿La Tierra tiene su gemelo?

Científicos creen que dentro de cinco años se encontrarán planetas como el nuestro. ¿Tendrán vida?



Septiembre 7 (EL UNIVERSAL- EFE).- El astrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) Garik Israelian, que junto a Michel Mayor y Nuno Santos ha ganado el premio Viktor Ambartsumian por su contribución al conocimiento de la formación de los sistemas planetarios, cree que en menos de cinco años se encontrará un planeta gemelo a la Tierra.

Comentó que la creencia o negación de que hay vida en otros planetas también es un aspecto religioso, ya que incluso hay astrónomos que tienen la visión de que el Sol no se parece a otras estrellas gemelas del Universo.En una entrevista, Garik Israelian dijo que los 500 planetas extra solares que se conocen hasta ahora son más masivos que la Tierra y señaló que cuando se habla de la vida en el universo se piensa en que tiene que estar en planetas con masa como la terrestre.
Por ello Garik Israelian cree que descubrir un planeta que sea gemelo a la Tierra es fundamental para demostrar que en el universo hay miles de millones que son similares.
Este astrónomo de origen armenio, que se nacionalizó español, en 2004 está convencido de que antes de que transcurran cinco años se descubrirán planetas como la Tierra que giran alrededor de estrellas como el Sol.
Cuando eso se produzca se entrará en un segundo nivel de investigación y será el momento de detectar en esos planetas biomarcadores que permitan decir si hay vida o no.
La existencia de biomarcadores se podrá determinar con la tecnología de espectroscopía, por medio de la cual se pueden estudiar las atmósferas de los exoplanetas y decir si tienen biosferas o no.
El primer nivel era descubrir exoplanetas, algo que en 1995 lograron Michel Mayor y Didier Queloz, mientras que el segundo será detectar planetas como la Tierra y el tercero será investigar las atmósferas de esos planetas.
Garik Israelian dejó claro que encontrar planetas similares a la Tierra no significará que en ellos habrá vida, aunque cree que en el universo la hay.
Indicó que la vida se arraigó en la Tierra a pesar de que había muy pocas probabilidades de que se produjese ese hecho y por ello opinó que como las leyes de la naturaleza son universales es imposible que esas probabilidades no hayan producido vida en otro planeta del universo.
Garik Israelian, junto a Michel Mayor, del Observatorio de Ginebra, y Nuno Santos, del Centro de Astrofísica de Oporto, recibirá el premio internacional Viktor Ambartsumian (1908-1996).
El también armenio Viktor Ambartsumian fue profesor de Garik Israelian, quien recordó que fue uno de los astrónomos más revolucionarios de su época, ya que cuando todo el mundo decía que el universo se había creado cientos de millones antes y estaba parado, él demostró que la Vía Láctea tenía catorce mil millones de años y que su formación continuaba.
Viktor Ambartsumian también descubrió que el medio interestelar no es homogéneo, recordó Garik Israelian, quien junto a Michel Mayor y Nuno Santos recibirá el galardón que lleva el nombre de su ex profesor en un acto que tendrá lugar el 17 de septiembre en la capital armenia.
Los tres premiados han hecho aportaciones al conocimiento de la formación de los sistemas planetas y sus estrellas anfitrionas como el descubrimiento de que las estrellas con sistemas planetarios son ricas en metales y tienen poco litio, lo que también ocurre en el Sol.

La Luna y la vida en la Tierra

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La Luna y la vida en la Tierra

Área: Biología — Jueves, 23 de Abril de 2009
Se discute el papel que tuvo y tiene la Luna sobre el origen y evolución de la vida en la Tierra.
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Podemos disfrutar de una muy buena vista del cielo, pues en él tenemos la Luna. Incluso con un telescopio poco potente podemos quedarnos maravillados con sus estructuras, parece que la podemos tocar. No es de extrañar que desde siempre fuera un sueño visitarla, hasta que en seis exitosos viajes lo conseguimos hace unos 40 años. Damos su presencia por sentado, pero es casi un milagro que esté allí y sea como es. Vivimos en un sitio singular: un planeta doble.
Ni Mercurio ni Venus tienen satélites y Marte tiene una par de asteroides pequeños capturados como lunas. Si queremos ver lunas del mismo tamaño que la nuestra debemos de ir a los planetas gigantes Júpiter y Saturno. 
Debido a su tamaño tan grande comparado con el de la Tierra, la Luna tiene una gran influencia sobre la misma, principalmente debido a las mareas. La Luna (y parcialmente el Sol) hace que los niveles de los mares cambien periódicamente. Hace tiempo se propuso que la génesis de la vida se podría haberse facilitado debido a las mareas. Si esto fuese así entonces la posibilidades de vida en otras “tierras” serían menores, porque es muy difícil encontrar un planeta con una luna tan grande en proporción a su tamaño.
La densidad de la Luna es mucho menor que la de la Tierra y se corresponde a la de las capas más externas de ésta. Se cree que la Luna se formó, precisamente, a partir del material eyectado de las capas externas terrestres por la colisión entre un planeta del tamaño de Marte y la Tierra hace 4500 millones de años. Este material luego se agregó formando la Luna. El núcleo metálico terrestre sufrío menos el impacto y esto explicaría la ausencia del mismo en la Luna.
En aquel momento la Luna orbitaba mucho más cerca de lo que lo hace hoy y el día terrestre tenía unas 12 horas. Es precisamente el efecto de las mareas lo que hace que la Luna se aleje cada día más de la Tierra (algo medible y cifrado en 3,8 cm anuales en la actualidad) y que la Tierra gire cada día más despacio.
La energía depositada en los océanos terrestres se da ahora a un ritmo 3 teravatios, pero al principio con una Luna tan cercana el efecto de las mareas debía de ser mucho más poderoso, colocando gran cantidad de energía en los océanos primitivos.
Bruce Bills de la NASA dice que sin las mareas es concebible que las oscilaciones entre periodos glaciares e interglaciares fueran menores. Estas oscilaciones han ayudado a la emigración de plantas y animales y a la especiación de los mismos. Después de todo, las mareas ayudan a mover las aguas cálidas de los trópicos hacia otras regiones más frías. Otro efecto sería que esta transferencia de calor mitigue las fluctuaciones climáticas. El problema es determinar qué escenario es correcto.
Peter Raimondi, de University of California, Santa Cruz, dice que las herramientas de la evolución están también determinadas por la influencia de mareas sobre las regiones intermareales.
En una región intermareal rocosa está claro que hay una presión evolutiva proveniente de cambios en el ambiente en una escala espacial pequeña. Sin la Luna el ambiente marino sería menos rico en términos de diversidad de especies.
Otra cosa que se ha venido discutiendo es el papel de las mareas en la aparición de la misma vida. Vida que surgiría solamente 700 millones de años después de formarse la Luna. Antes se creía que el flujo mareal en las orillas oceánicas podría haber concentrado “sopa primitiva”. James Cowen de University of Hawaii en Manoa dice que el papel de las mareas tuvo que ser escaso si la vida se originó alrededor de las chimeneas hidrotermales, pero muy importante si se origino en la zona intermareal.
El problema es concentrar la disolución de las biomoléculas primitivas (¿ARN?) mediante algún mecanismo. Una manera de hacerlo es arrojar agua cargada con estas moléculas a las rocas y dejar que se evapore al retroceder la marea. En aquella época debía de haber mareas muy pronunciadas con un ciclo de 6 horas que liberasen y cubriesen grandes extensiones de costa de kilómetros de anchura.
Según algunos investigadores esto produciría las condiciones necesarias para que los ácidos nucleicos se ensamblaran de manera más compleja. De todos modos, cómo de ligado está el origen de la vida con las mareas es algo que no se sabe de seguro. Alguno expertos opinan que la vida hubiera surgido de todos modos en ausencia de mareas y de Luna.
El efecto de estas mareas ha dejado, eso sí, una huella en el registro fósil, una “memoria de la Luna”. Los corales tiene un ciclo de crecimiento anual y diario. Al igual que en los anillos de los árboles es posible medir el crecimiento de los corales. Los corales fósiles de hace cientos de millones de años presentan años de crecimiento con más “días” que los actuales (los corales de hace 180 a 400 millones de años muestran años de 381 a 410 “días”). Como el periodo orbital de la Tierra no cambia, es decir, el año dura el mismo tiempo, la única explicación es que los días de aquel entonces tenían menos horas. Este efecto también se ha observado en estromatolitos y en bivalvos.
Pero al revés también ha ocurrido. En la Luna debe de haber una memoria de la vida en la Tierra. Los impactos de meteoritos sobre la Tierra deben de haber expulsado material al espacio exterior, parte del cual habría caído sobre la Luna. Se estima que el 1% del material superficial de la Luna proviene, mediante este mecanismo, de la Tierra. Esas rocas llevarían microbios o fósiles que puede que se hayan conservado desde entonces allí.
La Tierra tiene una tectónica muy activa y una erosión poderosa que van borrando el registro fósil, que va borrando la memoria de la vida en la Tierra. Las rocas se calientan, se alteran, se erosionan, desaparecen, subducen, etc. Es muy difícil saber sobre los primeros pasos de la evolución porque el registro fósil es cada vez peor conforme nos movemos hacia atrás en el tiempo, pues ha habido más oportunidades para destruir la información. Pero la Luna no tiene tectónica. Tampoco posee erosión, y solamente los impactos de meteoritos remodelan su superficie, cubriéndola de una capa de fino polvo (regolito). Bajo esa capa de polvo quizás nos espera la historia primitiva de la vida en la Tierra. Es una buena razón para volver allá: para hacer Paleontología.
Fuentes y referencias:
Noticia en Scientific American.
Foto cabecera: “The Full Moon Preparing to Set into the Pacific Ocean” por Agrinberg, vía Flickr.

Clúster celebra su primera década de descubrimientos

Clúster celebra su primera década de descubrimientos

THURSDAY, JULY 22, 2010

La misión Clúster de la ESA celebra su décimo cumpleaños. Durante esta década, los cuatro satélites que la componen han permitido estudiar con un extraordinario nivel de detalle la invisible interacción entre el Sol y la Tierra. Los cuatro satélites que componen la misión Clúster - Rumba, Samba, Salsa y Tango - vuelan en formación alrededor de la Tierrapara generar una imagen tridimensional de la interacción del incesante ‘viento solar’, formado por partículas cargadas o plasma procedente del Sol, con la ‘burbuja magnética’ que protege a la Tierra: la magnetosfera.

En ocasiones, el viento solar ‘sopla’ de forma turbulenta y racheada, agitando el campo magnético de la Tierra, lo que genera partículas de alta energía. Estas ‘tormentas’ en la magnetosfera pueden provocar interferencias en los sistemas eléctricos a bordo de los satélites o incluso en los de los equipos de tierra. En los peores casos, pueden llegar a destruir componentes electrónicos cruciales, dejando a los satélites completamente inoperativos.

La misión Clúster de la ESA celebra su décimo cumpleaños. Durante esta década, los cuatro satélites que la componen han permitido estudiar con un extraordinario nivel de detalle la invisible interacción entre el Sol y la Tierra.

Los cuatro satélites que componen la misión Clúster - Rumba, Samba, Salsa y Tango - vuelan en formación alrededor de la Tierra para generar una imagen tridimensional de la interacción del incesante ‘viento solar’, formado por partículas cargadas o plasma procedente del Sol, con la ‘burbuja magnética’ que protege a la Tierra: la magnetosfera.

En ocasiones, el viento solar ‘sopla’ de forma turbulenta y racheada, agitando el campo magnético de la Tierra, lo que genera partículas de alta energía. Estas ‘tormentas’ en la magnetosfera pueden provocar interferencias en los sistemas eléctricos a bordo de los satélites o incluso en los de los equipos de tierra. En los peores casos, pueden llegar a destruir componentes electrónicos cruciales, dejando a los satélites completamente inoperativos.

Sin embargo, uno de los mayores logros de la misión ha sido el primer mapa tridimensional del corazón de un fenómeno magnético conocido como ‘reconexión’.

Este fenómeno se produce cuando dos campos magnéticos colisionan, permitiendo la mezcla de las corrientes de plasma que antes mantenían confinadas, lo que libera una gran cantidad de energía. El centro de este fenómeno se conoce como ‘punto neutro’.

Clúster obtuvo la primera imagen tridimensional de un punto neutro, aportando información crucial para la comunidad científica. En el momento de la reconexión, fue capaz de determinar que el campo magnético se retorcía en una región de unos 500 km de diámetro. Hasta ese momento, ninguna observación, teoría o simulación había sido capaz de predecir el tamaño característico de estas regiones.

La reconexión magnética continúa siendo una de las cuestiones fundamentales de la física moderna. Este fenómeno es el responsable de las erupciones solares, unas violentas explosiones en la fotosfera del Sol que pueden ser miles de millones de veces más potentes que una bomba atómica. En los laboratorios de la Tierra, los fenómenos de reconexión continúan frustrando los intentos de generar energía eléctrica en los reactores de fusión.

Esta gran serie de éxitos tuvo un dramático comienzo cuando, el 4 de Junio de 1996, los cuatro satélites originales de Clúster quedaron destruidos tras un fallo del lanzador Ariane 501, instantes después de su lanzamiento.

Sin embargo, el equipo de Clúster fue capaz de sobreponerse a la catástrofe. Rápidamente se fabricaron nuevos satélites y la misión se lanzó de nuevo tan sólo cuatro años más tarde. “Poder reconstruir, ensayar y relanzar una misión de estas características en tan poco tiempo fue sin duda un gran éxito de todo el equipo”, explica John Ellwood, que en aquel entonces era el Director del Proyecto Clúster para la ESA.

Esta segunda vez, Clúster alcanzó la órbita terrestre a bordo de dos lanzadores rusos Soyuz. La primera pareja despegó desde el Cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán, el 16 de Julio del año 2000, seguido por los otros dos satélites tan sólo un mes más tarde. Durante los últimos diez años, estos cuatro satélites han estado volando en formación entorno a la Tierra, ejecutando con precisión su peculiar vals espacial.

Tras el éxito del lanzamiento, comenzó una década de extraordinarios descubrimientos científicos. Clúster ayuda a los científicos a comprender cómo se comporta el plasma en prácticamente cualquier situación. Con los cuatro satélites en perfecta forma física, se ha decidido extender la misión hasta el año 2012.

Imágenes propiedad: ESA