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La Luna y la vida en la Tierra

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La Luna y la vida en la Tierra

Área: Biología — Jueves, 23 de Abril de 2009
Se discute el papel que tuvo y tiene la Luna sobre el origen y evolución de la vida en la Tierra.
Foto
Podemos disfrutar de una muy buena vista del cielo, pues en él tenemos la Luna. Incluso con un telescopio poco potente podemos quedarnos maravillados con sus estructuras, parece que la podemos tocar. No es de extrañar que desde siempre fuera un sueño visitarla, hasta que en seis exitosos viajes lo conseguimos hace unos 40 años. Damos su presencia por sentado, pero es casi un milagro que esté allí y sea como es. Vivimos en un sitio singular: un planeta doble.
Ni Mercurio ni Venus tienen satélites y Marte tiene una par de asteroides pequeños capturados como lunas. Si queremos ver lunas del mismo tamaño que la nuestra debemos de ir a los planetas gigantes Júpiter y Saturno. 
Debido a su tamaño tan grande comparado con el de la Tierra, la Luna tiene una gran influencia sobre la misma, principalmente debido a las mareas. La Luna (y parcialmente el Sol) hace que los niveles de los mares cambien periódicamente. Hace tiempo se propuso que la génesis de la vida se podría haberse facilitado debido a las mareas. Si esto fuese así entonces la posibilidades de vida en otras “tierras” serían menores, porque es muy difícil encontrar un planeta con una luna tan grande en proporción a su tamaño.
La densidad de la Luna es mucho menor que la de la Tierra y se corresponde a la de las capas más externas de ésta. Se cree que la Luna se formó, precisamente, a partir del material eyectado de las capas externas terrestres por la colisión entre un planeta del tamaño de Marte y la Tierra hace 4500 millones de años. Este material luego se agregó formando la Luna. El núcleo metálico terrestre sufrío menos el impacto y esto explicaría la ausencia del mismo en la Luna.
En aquel momento la Luna orbitaba mucho más cerca de lo que lo hace hoy y el día terrestre tenía unas 12 horas. Es precisamente el efecto de las mareas lo que hace que la Luna se aleje cada día más de la Tierra (algo medible y cifrado en 3,8 cm anuales en la actualidad) y que la Tierra gire cada día más despacio.
La energía depositada en los océanos terrestres se da ahora a un ritmo 3 teravatios, pero al principio con una Luna tan cercana el efecto de las mareas debía de ser mucho más poderoso, colocando gran cantidad de energía en los océanos primitivos.
Bruce Bills de la NASA dice que sin las mareas es concebible que las oscilaciones entre periodos glaciares e interglaciares fueran menores. Estas oscilaciones han ayudado a la emigración de plantas y animales y a la especiación de los mismos. Después de todo, las mareas ayudan a mover las aguas cálidas de los trópicos hacia otras regiones más frías. Otro efecto sería que esta transferencia de calor mitigue las fluctuaciones climáticas. El problema es determinar qué escenario es correcto.
Peter Raimondi, de University of California, Santa Cruz, dice que las herramientas de la evolución están también determinadas por la influencia de mareas sobre las regiones intermareales.
En una región intermareal rocosa está claro que hay una presión evolutiva proveniente de cambios en el ambiente en una escala espacial pequeña. Sin la Luna el ambiente marino sería menos rico en términos de diversidad de especies.
Otra cosa que se ha venido discutiendo es el papel de las mareas en la aparición de la misma vida. Vida que surgiría solamente 700 millones de años después de formarse la Luna. Antes se creía que el flujo mareal en las orillas oceánicas podría haber concentrado “sopa primitiva”. James Cowen de University of Hawaii en Manoa dice que el papel de las mareas tuvo que ser escaso si la vida se originó alrededor de las chimeneas hidrotermales, pero muy importante si se origino en la zona intermareal.
El problema es concentrar la disolución de las biomoléculas primitivas (¿ARN?) mediante algún mecanismo. Una manera de hacerlo es arrojar agua cargada con estas moléculas a las rocas y dejar que se evapore al retroceder la marea. En aquella época debía de haber mareas muy pronunciadas con un ciclo de 6 horas que liberasen y cubriesen grandes extensiones de costa de kilómetros de anchura.
Según algunos investigadores esto produciría las condiciones necesarias para que los ácidos nucleicos se ensamblaran de manera más compleja. De todos modos, cómo de ligado está el origen de la vida con las mareas es algo que no se sabe de seguro. Alguno expertos opinan que la vida hubiera surgido de todos modos en ausencia de mareas y de Luna.
El efecto de estas mareas ha dejado, eso sí, una huella en el registro fósil, una “memoria de la Luna”. Los corales tiene un ciclo de crecimiento anual y diario. Al igual que en los anillos de los árboles es posible medir el crecimiento de los corales. Los corales fósiles de hace cientos de millones de años presentan años de crecimiento con más “días” que los actuales (los corales de hace 180 a 400 millones de años muestran años de 381 a 410 “días”). Como el periodo orbital de la Tierra no cambia, es decir, el año dura el mismo tiempo, la única explicación es que los días de aquel entonces tenían menos horas. Este efecto también se ha observado en estromatolitos y en bivalvos.
Pero al revés también ha ocurrido. En la Luna debe de haber una memoria de la vida en la Tierra. Los impactos de meteoritos sobre la Tierra deben de haber expulsado material al espacio exterior, parte del cual habría caído sobre la Luna. Se estima que el 1% del material superficial de la Luna proviene, mediante este mecanismo, de la Tierra. Esas rocas llevarían microbios o fósiles que puede que se hayan conservado desde entonces allí.
La Tierra tiene una tectónica muy activa y una erosión poderosa que van borrando el registro fósil, que va borrando la memoria de la vida en la Tierra. Las rocas se calientan, se alteran, se erosionan, desaparecen, subducen, etc. Es muy difícil saber sobre los primeros pasos de la evolución porque el registro fósil es cada vez peor conforme nos movemos hacia atrás en el tiempo, pues ha habido más oportunidades para destruir la información. Pero la Luna no tiene tectónica. Tampoco posee erosión, y solamente los impactos de meteoritos remodelan su superficie, cubriéndola de una capa de fino polvo (regolito). Bajo esa capa de polvo quizás nos espera la historia primitiva de la vida en la Tierra. Es una buena razón para volver allá: para hacer Paleontología.
Fuentes y referencias:
Noticia en Scientific American.
Foto cabecera: “The Full Moon Preparing to Set into the Pacific Ocean” por Agrinberg, vía Flickr.

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Thalia