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Sobre la naturaleza de la monogamia en ratones

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Sobre la naturaleza de la monogamia en ratones

Área: Neurología — Lunes, 19 de Diciembre de 2005
Foto
Pareja de ratones de las praderas (Microtus ochrogaster) exhibiendo monogamia. Foto: B. Aragona.
Ratones que en situaciones normales son monógamos son transformados en lo contrario mediante la manipulación de ciertos receptores neuronales.
El secreto del amor eterno podría depender de una región específica del cerebro activada por el neurotransmisor dopamina. Al menos eso es lo que dice un estudio realizado en ratones de las praderas (Microtus ochrogaster).
Estos roedores usualmente tienen una vida monógama y sólo se relacionan con sus respectivas parejas, pero unos investigadores han encontrado que manipulando los receptores de la dopamina en regiones específicas del cerebro pueden alterar este tipo de relación de pareja. 
Brandon Aragona de Florida State University en Tallahassee (EEUU) y sus colaboradores han estudiado la vida de los ratones de las praderas norteamericanas. Los machos una vez consiguen emparejarse no sólo prefieren la compañía de su hembra sino que se comportan agresivamente hacia otras hembras. Su compañera exhibe un comportamiento similar y muestra hostilidad a los demás machos que se interesan por ella.
Los investigadores encontraron que después de un encuentro grandes cantidades del neurotransmisor dopamina se liberaban en una región subcortical del cerebro. Región que en humanos está normalmente relacionada con el desarrollo de comportamientos adictivos.
Según Aragona la dopamina liberada está asociada con una reorganización del los circuitos cerebrales que cambia esta región del cerebro promoviendo la creación de lazos de pareja.
Este científico ha investigado el papel de dos receptores de la dopamina (D-1 y D-2) en la creación de estos lazos mediante la inyección de sustancias químicas en esa región que activan o desactivan los receptores a voluntad.
Según los resultados los receptores D-2 son activados durante el primer encuentro produciéndose la formación del lazo de pareja. Después de la cohabitación con la hembra hay una estimulación de los receptores D-1 que es lo que produce el comportamiento agresivo hacia otras hembras incluso cuando se ofrecen sexualmente. Si los receptores D-1 son bloqueados el comportamiento agresivo desaparece.
Es sorprenderte ver que los machos vírgenes inyectados con el activador de D-2 desarrollan un lazo de pareja instantáneo con la hembra más cercana, aunque ésta no sea sexualmente activa y no tengan relaciones sexuales. Además, en este caso, esta inyección dispara el comportamiento agresivo con otras hembras incluso cuando estas últimas ofrecen favores sexuales.
La activación de los receptores D-1 por tanto es el que dispara la fidelidad hacia la hembra que aparece primero.
Cuando un macho en una larga relación con una hembra era inyectado con bloqueador de D-1 cesaba en su comportamiento agresivo hacia las otras hembras y empezaba a “jugar el juego”.
Según Aragona este sistema podría haber evolucionado como mecanismo de protección hacia la especie, pues estos roedores son muy vulnerables a diversos depredadores. La situación más protectora para la descendencia es una familia con sólo dos progenitores. Estos animales son extremadamente sociables y viven juntos en grandes grupos, siendo ambos progenitores extremadamente buenos padres.
Según estos resultados el amor está por tanto en el cerebro y no en el corazón. Interferir con los receptores de la dopamina puede acarrear efectos secundarios indeseados. El abuso de drogas como la cocaína, que interfiere con ellos, puede causar una reorganización del área cerebral en cuestión e impedir que responda correctamente.
Referencia: Journal reference Nature Neuroscience (DOI: 10.1038/nn1613)

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Thalia