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Huellas de 565 millones de años

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Huellas de 565 millones de años

Área: Paleontología — Lunes, 8 de Febrero de 2010
Encuentran huellas fósiles que sugieren la presencia de locomoción animal antes de la explosión del Cámbrico.
Foto
Surcos de hace 565 millones de años delatan antigua locomoción animal. Fuente: Oxford University.
Peter J. Bentley, autor de “El científico camuflado”, dice en uno de los capítulos de su libro que la Edad de Piedra debería llamarse la Edad de los Tejidos, pues por es época el ser humano empezó a confeccionar tejidos para vestirse, pero que al ser más perecederos que las piedras nos han quedado pocos restos de tejidos y muchas más piedras.
Con el registro fósil pasa algo parecido, la concepción que tenemos de la historia biológica de este planeta depende en gran medida de los restos fósiles dejados por animales con partes duras: huesos, dientes, caparazones, conchas… Los animales de cuerpo blando rara vez fosilizan. Seguro que habrá habido toda una serie de animales fantásticos sobre este planeta que, una vez extinguidos, no han dejado ningún registro de su existencia y, desafortunadamente, nunca los conoceremos.
A veces los animales (por desgracia no las plantas) dejan algo tras de sí, incluso aunque ninguna parte de su cuerpo se haya fosilizado: sus huellas. El surco dejado por un gusano o las pisadas de un dinosaurio impresas en el barro de la orilla de algún lago cretácico también se consideran fósiles. 
Cuanto más nos remontamos hacia los orígenes de la vida compleja multicelular más importantes son este tipo de fósiles, porque al principio, cuando no había casi depredadores, no había una carrera de armamentos que creara dientes, caparazones o pinzas con los que atacar o defenderse.
Recientemente se han descubierto surcos dejados por algún animal hace 565 millones de años, casi en la noche de los tiempos de la vida compleja. Este registro de locomoción animal fue encontrado en Terranova (Canadá) y ha sido analizado por un equipo internacional de científicos. Las marcas fueron descubiertas en Mistaken Point, un lugar que ha sido frecuentado por paleontólogos innumerables veces, pero habían pasado desapercibidas hasta ahora. Han identificado un total de 70 surcos que indican que algunas criaturas ya se arrastraban por el fondo de los océanos ediacararenses de manera similar a como lo hacen las anémonas. Los surcos miden unos 13 mm de anchos y entre 5 y 17 cm de largos.
Según Alex Liu, de Oxford University, las marcas que han encontrado indican que el animal o animales en cuestión tenían algún tipo de control muscular durante su locomoción. Esto es excitante, según él, porque sería la primera prueba de que las criaturas de esa época ya contaban con músculos que les permitían moverse en busca de comida o huir de sus enemigos.
Los investigadores compararon estas marcas con las dejadas por la anémona marina moderna Urticina, encontrando muchas similitudes. Esto sugeriría que animales similares a las anémonas, quizás en forma de disco, ya usaban musculatura para moverse al igual que las anémonas modernas.
Ya se habían encontrado pruebas de la existencia de movimiento animal en el periodo Cámbrico (hace entre 542 y 488 millones de años), aunque son muy escasas. Esto hizo creer a los paleontólogos que los primeros organismos complejos eran estacionarios y no se movían. Se asemejarían, según esta visión, a los hongos (recordemos que los hongos no son plantas aunque su estudio se encuadre dentro de la Botánica). Los pocos restos fósiles del Ediacarense (hace 630-542 Ma) con los que se contaba representaban animales pasivos, con forma de hoja de helecho, anclados al fondo.
El descubrimiento ahora de animales móviles en el Ediacarense, unos 30 millones de años antes del Cámbrico, es especialmente significativo y arroja luz sobre el mundo antes de que se diera la explosión del Cámbrico, en la que una gran variedad de animales aparece súbitamente en el registro fósil.
Liu sostiene que, aunque no son capaces de decir qué animales ediacarenses crearon esas marcas, hay pruebas de que tenían músculos y tejidos con colágeno que daban a sus cuerpos cierta rigidez. Además, sugiere que la ecología del ambiente marino de esa época era más compleja de lo que se creía.
Según este descubrimiento, por lo tanto, los primeros “pasos” dados por la vida compleja en este planeta se dieron hace 565 millones de años como mínimo.
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Thalia