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Familias, dos de tres gastan todo el sueldo en el mes

Familias, dos de tres gastan todo el sueldo en el mes



Carlos Manzoni Chanchito vacío
LA NACION

Cae la tarde en Buenos Aires y los dos pisos del shopping Abasto en los que se aglutinan las principales casas de indumentaria y calzado del país se asemejan a una calesita en la que mujeres, hombres y chicos de todas las edades dan vueltas, pasean, entran en los locales o escudriñan las vidrieras. Es que la ropa y los zapatos aparecen como la principal elección de las familias argentinas a la hora de salir de compras, una vez cubierta la necesidad de alimentos. Bastante más lejos quedan la recreación, los muebles y los electrodomésticos, entre otros.

Según una encuesta que la consultora Poliarquía elaboró en exclusividad para LA NACION, esta es la tendencia de consumo familiar en el último trimestre: el 72% de los consultados respondió que en los últimos tres meses había comprado ropa o calzado; mientras que el 37% contestó que había gastado en recreación; el 26%, en muebles o arreglos del hogar y el 25%, en electrodomésticos.

Al poner la lupa sobre la capacidad adquisitiva de los hogares, la encuesta local devela una realidad, cuanto menos, preocupante: un 38% de los consultados afirmó que no le alcanza el salario. Y si se enfoca aún más el zoom, se puede ver que en el momento de contestar la pregunta de si los ingresos familiares le alcanzan, el 14% dijo que no y que, por eso, tiene "grandes dificultades"; el 24%, que no le alcanza y tiene "dificultades"; el 43%, que le alcanza justo, sin grandes dificultades, y el 19%, que le alcanza bien (indicador que tuvo una leve mejoría, respecto de encuestas anteriores).

La propensión al ahorro es otra de las varas que se puede usar para medir la salud de una economía. La encuesta de Poliarquía destina también un apartado a esta temática, y de allí surge que un 64% de los encuestados contesta que se gasta todo en el mismo mes, mientras que un 35% dice que se reserva una parte para gastos futuros o para ahorro.

Romina Aguirre, de 26 años, encarna a uno de los que no les sobra. Vive con su esposo, Mario, y su bebe, en Almagro. De vestir sencillo y mirada esquiva, comenta, con su hijo en brazos, que sólo está mirando. "Busco un abrigo para él, pero todo está muy caro. Yo siempre

compro en otros lugares, pero ahora vine a ver si encontraba algo acá", dice, desilusionada y con las manos vacías. En su hogar, como en el 45% de las familias argentinas, la entrada de dinero depende de una sola persona, que en este caso es su marido, que trabaja como obrero de la construcción. En tanto, en el 40% de los grupos familiares esa carga la llevan dos personas; en 11%, tres; en 3%, cuatro o más.

"Lo socialmente óptimo o deseable es que cerca del 100% de la población tenga excedentes, pero el 65% dice que lo gasta todo en el mes, y se puede inferir que hay un porcentaje que, incluso, no llega a cubrir sus necesidades, porque en ese 65% están incluidas las familias por debajo de la línea de pobreza", señala Dardo Ferrer, economista de la Fundación Mercado.

Fabián Perechodnik, director de Poliarquía, señala que la actual mejora en las expectativas de la población no se traduce inmediatamente en una mayor propensión al ahorro. "A pesar de que en los últimos seis meses han mejorado las expectativas sobre la situación del país, los indicadores de ahorro se mantienen estables", indica.

Es que la Argentina está muy bajo en el ranking de los países que ahorran y esa característica ha tenido fuertes implicancias en las crisis y en el bajo crecimiento económico de largo plazo. Según datos de la Fundación Mercado, sólo dos de cada diez familias argentinas ahorra.

¿Pero cómo se ahorra en aquellos hogares que sí pueden hacerlo? En pesos y en el banco, el 39%; en pesos y en el hogar, el 30%; en moneda extranjera y en el banco, el 12%, y en moneda extranjera y en el hogar, el 10 por ciento.

En lo que respecta al campo de las deudas o de los créditos contraídos, el trabajo de Poliarquía refleja que un 68% respondió que actualmente ningún integrante del hogar "está pagando algún crédito o deuda que haya solicitado en el pasado"; mientras que un 30% contestó que sí lo está haciendo.

¿A quién le paga la deuda ese 30 por ciento? A un banco o institución financiera, un 72%; créditos a sola firma, un 11%; compra en cuotas, un 6%; familiar/conocido/amigo, un 2%; a otros acreedores, un 11%, y no sabe no contesta, un 4 por ciento. En este caso, se hace la salvedad de que el total suma más del 100%, por tratarse de una pregunta que admite respuesta múltiple.

A consumir

Martín Lerga, chef de 39 años, empuja, con paso cansino, el carrito en el que "viaja" Jerónimo, su hijo de dos años, por el Abasto. Unos pasos más adelante, Agatha, su esposa, le da el gusto a su otra hija, Maite, que reclama un chocolate. Esta familia tipo, que vive en Liniers, forma parte del grupo de los que decidió gastar parte de sus ingresos en vestirse y, sobre todo, en vestir a sus chicos. "Todos los meses separamos unos 300 pesos en ropa y calzado", dice Martín. "Igual, te digo que la mayoría de las veces es para ellos", acota Agatha, mientras estira la mano para alcanzar a Maite, que ahora se distrae con una vidriera.

Los más jóvenes, según el detalle del análisis, son los que engrosan la fila de los que vuelcan su elección para el lado de la indumentaria y el calzado. Jóvenes como Joana, que vive con sus padres y seis hermanos en Escobar. Esta morocha de 27 años, que luego contará que es bioquímica, afirma que gasta unos $ 600 por mes para vestirse. "Y mis hermanas son iguales. A una de ellas le gustan las carteras y es capaz de que un mes se gaste 1000 pesos. Las otras, no tanto", comenta. Y agrega al despedirse: "Ahora estoy buscando algo para regalarle a mi papá para el Día del Padre, pero tengo que elegir muy bien, porque es muy exquisito con toda su ropa".

En tiempos en los que la inflación hace que el dinero queme en las manos y en los que las operaciones más costosas están fuera del alcance de las clases bajas y medias de la población, no son muchas las opciones para el consumidor. "Una vez que la familia cubre sus necesidades de alimentación no tiene muchos caminos más en los que gastar sus ingresos. Lo que sucede con los sectores de menores recursos es que se inclinan por la indumentaria o, en otra época del año, por las vacaciones, que son formas de gratificarse y sentirse vivos", explica Fernando Moiguer, economista experto en estrategia de negocios y marcas.

La encuesta no hace referencia a la cantidad invertida en estos rubros ni al número de prendas compradas, sino que consigna como respuesta positiva a todas aquellas que afirman que se adquirió determinado artículo en los últimos tres meses.

Del trabajo de Poliarquía, hecho sobre la base de 1000 casos, que fueron contactados en forma telefónica, desde el 26 de mayo hasta el 2 de este mes, surge también que un 16% dijo que destinó sus ingresos a vacaciones; un 10%, a la compra de televisor, incluidos los de LCD; un 10%, a PC o notebook; un 8%, a coche o moto, y tan sólo un 1%, a departamento o casa.

En el terreno de las expectativas de consumo para los próximos tres meses, las respuestas no obligan a modificar el ranking de los rubros elegidos por las familias argentinas a la hora de decidir sus compras, pero sí se advierte un leve aumento en las tres primeras categorías y un pequeño descenso en las seis restantes. Así, un 74% respondió que comprará ropa o calzado; un 50% dijo que gastaría en recreación; un 35%, en muebles o arreglos; un 20%, en electrodomésticos; un 12%, en vacaciones; un 8%, en televisor, incluido los de LCD; un 7%, en PC o notebook; un 7%, en coche o moto, y un 4%, en departamento o casa.

En la radiografía de la economía doméstica también tienen lugar los diferentes hábitos de consumo. En este aspecto, según se desprende de la encuesta, un 73% de los consultados dijo que tiene una idea clara de lo que quiere cuando va de compras, mientras que un 26% afirma que decide sobre la marcha. Va de compras cuando no le queda más remedio el 75%, mientras que le gusta ir de compras a un 25 por ciento. "En las compras cotidianas, el consumidor argentino tiene una idea bastante precisa de lo que quiere y compra cuando no le queda más remedio", explica Perechodnik.

Guillermo y Mariana Ordóñez, ambos de 30 años, están en esta última categoría. Mientras ella mira en el espejo cómo le sienta una campera de color azul muy canchera, él comenta: "Vinimos sólo a buscar un abrigo para ella, porque es lo que necesita".


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