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Cómo luchar contra los mosquitos

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Cómo luchar contra los mosquitos

Área: BiologíaTecnología — Jueves, 6 de Octubre de 2011
Diversas investigaciones ayudan a que en el futuro nos podamos enfrentar mejor a los mosquitos y, por tanto, a las enfermedades que transmiten.
Foto
Aedes aegypti. Fuente: USDA.
Ahora que en el hemisferio boreal el verano ya nos ha abandonado y se lleva a los insoportables mosquitos con él, conviene recordar las pistas que estos insectos siguen a la hora de agujerearnos la piel. Además, pronto los sufrirán en el hemisferio austral y siempre los sufren en las regiones tropicales del mundo, junto a su carga de graves enfermedades: dengue, malaria, fiebre amarilla…
Ante todo hay que recordar que son los mosquitos hembra los que se dedican a este tipo de vampirismo tan molesto. Necesitan las proteínas de la sangre de sus víctimas para hacer sus huevos. Una vez perforan la piel inyectan una sustancia que impide la coagulación de la sangre y es esta sustancia la que nos produce esa reacción en la piel tan molesta. Es esa inyección de “saliva” la que lleva la carga en microorganismos, seres que han evolucionado para infectar también a los mosquitos y viajar hasta las glándulas productoras de anticogulante para iniciar otra vez el ciclo. 
En primera instancia los mosquitos se guían por el dióxido de carbono que exhalamos. Hay diseños de trampas caseras (discutibles) en las que un poco de azúcar y levadura producen este gas para atraer a los mosquitos hasta una botella con la parte superior seccionada y colocada a modo de embudo. De este modo el mosquito que entra no suele salir.
El éxito de estas trampas caseras es desigual. Esto quizás se deba a que falta el segundo indicador de la presencia de una animal con sangre: el olor de su piel. Todos exhalamos dióxido de carbono, pero no todos olemos igual. Quizás a esto se deba que unas personas son preferidas sobre otras por los mosquitos para ser picados.
Ahora dos entomólogos de la Universidad de California en Riverside, Ring Cardé y Teun Dekker, han realizado experimentos para estudiar cómo responde la hembra del mosquito Aedes aegypti al dióxido de carbono y al olor. Esta especie es una de las responsables de transmitir la fiebre amarilla y el dengue. Aunque para el primer caso hay una vacuna para el segundo no hay y la variedad de dengue hemorrágico es bastante grave, matando a mucha gente en el mundo.
La fiebre amarilla es una enfermedad viral que causa 30.000 muertes anuales en el planeta. El dengue, que también es viral infecta a entre 50 y 100 millones de personas anualmente en todo el mundo. Medio millón termina en el hospital y 12.500.000 mueren.
En el estudio publicado en Journal of Experimental Biology estos investigadores muestran que estos mosquitos se ven efectivamente atraídos en primera instancia por el dióxido de carbono y luego por el olor de la piel. La idea del estudio es cómo usar lo olores para diseñar trampas que intercepten los mosquitos antes de que piquen a algún humano.
En el laboratorio estos investigadores liberaron mosquitos de esta especie en un túnel de viento que construyeron ellos mismos y filmaron la trayectoria de sus vuelos.
Encontraron que los mosquitos volaban contra el viento sólo brevemente cuando encontraban dióxido de carbono, pero seguían en esa trayectoria si el flujo de este gas se hacía turbulento y su concentración fluctuaba, ya que esto imitaba la presencia de un animal respirando.
La orientación de los mosquitos hacia el olor de la piel humana era óptima cuando el flujo de olor de la piel era amplio y no variaba en su intensidad, cosa que sucede cuando el mosquito está cerca de una posible víctima.
El dióxido de carbono inducía una orientación más directa y rápida que el olor de la piel. Según los autores, estos experimentos muestran que la respuesta de esta especie de mosquito al olor de la piel requiere una exposición más prolongada que la respuesta inducida por el dióxido de carbono.
Estos investigadores han conseguido informar de la dinámica de esta respuesta, tanto en los aspectos temporales como en la velocidad, de la respuesta inducida por el dióxido de carbono a distintas concentraciones.
Al parecer los receptores que tiene el mosquito para el dióxido de carbono le permiten reaccionar casi instantáneamente incluso a concentraciones sutiles de este gas. De hecho, según los autores el dióxido de carbono atrae a los mosquitos por sí sólo y no requiere de la asistencia de otros olores. Sin embargo, los olores de la piel terminan siendo importantes cuando el mosquito está cerca de su presa para seleccionar dónde picar. La sensibilidad de los mosquitos a estos olores de la piel aumenta de 5 a 25 veces si previamente han sido sensibilizados con dióxido de carbono.
En un estudio similar realizado sobre mosquito Anopheles, otros investigadores descubrieron que estos mosquitos que propagan la malaria se veían atraídos en segunda instancia por el olor de los pies, pues es allí abajo donde prefieren picar.
Así que, ya sabe, como le va a ser difícil dejar de respirar, lo ideal es que use un buen repelente de mosquitos comercial sobre su piel. Ningún método casero basado en hierbas o vitaminas funciona, así que no siga ninguno de ellos. Las terapias alternativas en este caso sólo sirven para que alternativamente te pique un mosquito y otro también.
Casi todos los repelentes comerciales contienen una sustancia denominada DEET que es la que consigue repeler a los mosquitos. A mayor concentración de esta sustancia mayor capacidad de ahuyentar mosquitos que tendrá el producto que compremos. Para zonas tropicales se recomienda pulverizadores con alta concentración en DEET.
En mayo pasado investigadores de la Universidad de Vanderbilt descubrieron un nuevo repelente que promete ser miles veces más efectivo que el DEET en esta función de repeler mosquitos. Esta nueva sustancia, denominada VUAA1, afecta el sentido del olfato de los mosquitos (o de cualquier otro insecto) a través de un nuevo canal molecular. Recordemos que el sentido del olfato de los mosquitos está situado en sus antenas.
Este descubrimiento se debió a la investigación básica que se realizaron y en el conocimiento alcanzado sobre el sentido del olfato de los mosquitos en los últimos años. Hace diez años se creía que operaba de manera similar al sentido del olfato de los mamíferos, pero no era así.
En un mamífero una molécula olor puede entrar en contacto con un receptor específico de ese olor situado en un nervio y, cuando esto ocurre, se produce una señal nerviosa. El sentido del olfato de los mosquitos y demás insectos es diferente. En ellos los receptores del olor (OR) no actúan autónomamente, sino que forman un complejo con un co-receptor específico (Orco) y esto es necesario para que se detecte la molécula de olor.
Los mosquitos tienen muchos tipos de receptores OR en sus antenas, cada uno de ellos específico para cierto olor. Pero para que funcionen y manden la señal nerviosa deben activarse bajo la acción de Orco.
Cuando un mosquito huele un olor determinado el receptor específico OR se activa y dispara la señal nerviosa sólo si Orco se “enciende”. Los demás permanecen desconectados. Pero si mediante algún mecanismo se encienden todos los Orco a la vez, entonces se satura el sentido del olfato del mosquito y queda inutilizado. Esto es precisamente lo que hace directamente la nueva sustancia descubierta.
Estos investigadores usaron técnicas de ingeniería genética para insertar receptores de mosquito en células humanas embrionarias de riñón y siguieron un sistema de fuerza bruta en el que comprobaron 118.000 moléculas pequeñas, normalmente empleadas para el diseño de fármacos, para ver si alguna podía cumplir con la función de activar todos los complejos Orcos. Al final descubrieron que VUAA1 cumplía con esta misión. VUAA1, per se, no es una molécula de olor, sino que activa todos estos complejos como si lo fuera.
Los investigadores, además, verificaron que, efectivamente, esta sustancia tenía propiedades repelentes sobre mosquitos reales.
Esta idea no solamente podría dar lugar a un repelente de mosquitos muy efectivo en humanos, sino que también se podrían obtener sistemas para proteger los cultivos del ataque de los insectos sin necesidad de usar insecticidas perjudiciales para el medio ambiente.
Aunque todavía queda mucho por investigar antes de comercializar algo así. No se sabe si tendrá efectos secundarios de algún tipo o si será inocuo para el medio ambiente. Todavía es demasiado pronto para saber si esta sustancia u otras similares derivarán en productos comerciales, pero si así es millones de personas en el mundo, y muchos viajeros, lo agradecerán.
De todos modos, la capacidad de evolución de la vida tarde o temprano terminará superando los escollos que pongamos en el camino que lleva a los insectos hasta nuestra sangre o hasta nuestros cultivos.
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=3619


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