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El cerebro espera por defecto un trato justo

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El cerebro espera por defecto un trato justo

Área: Neurología — Jueves, 24 de Abril de 2008
El cerebro está condicionado por defecto para demandar un trato justo. Esto depende de la parte emocional del mismo, que en este caso se impone a la parte racional.
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El cerebro humano está configurado para percibir el sentido de la equidad. ¿Es la justicia un simple truco que adoptamos sólo cuando secretamente vemos ventajas en ella para nosotros?
Muchos psicólogos han abandonado recientemente la visión puramente utilitarista por ser demasiado simple. Ésta también ha sido la visión de los economistas que mantienen que los seres humanos tomamos siempre decisiones racionales, consciente e inconscientemente, que maximizan nuestros intereses económicos. Pero el juego del ultimátum ya reveló que esto no siempre es así.
Los recientes avances en ciencias cognitivas y neurociencias permiten ahora aproximarse a la cuestión de diferentes maneras, obteniéndose resultados intrigantes.
Golnaz Tabibnia y sus colaboradores de UCLA han usado el juego del ultimátum para explorar el sentido de la equidad o justicia y el interés propio en un laboratorio. 
Desde estas páginas hemos tratado el fascinante test psicológico denominado “juego del ultimátum”. En el juego del ultimátum participan dos personas y se juega con dinero real. Al llamado proponente se le da una cierta cantidad de dinero que tiene que dividir en dos partes no necesariamente iguales y quedarse con la que se le antoje. El respondedor tiene entonces dos opciones: quedarse con la parte que ha dejado para él el proponente o decidir que los dos se quedan sin ninguna. Los dos conocen las reglas del juego previamente y el respondedor conoce el reparto realizado por el proponente. Además, el juego es a solamente una mano. Aunque se puede repetir, no será con los mismos jugadores.
Estos científicos exploraron una variante de este juego en la que la ganancia del respondedor era siempre de 5 dólares, pero en las que unas veces esa cantidad era una proporción baja del total y otra veces la mitad o casi de la suma inicial. Es decir, en el primer caso sería un reparto injusto y en el otro justo. La idea era asegurarse de que los sujetos respondían sólo a la idea de equidad y no al monto de las ganancias.
Se pidió además a los participantes que puntuaran en una escala el grado de felicidad o desprecio que sentían. Se encontraron con unos resultados interesantes: incluso cuando la ganancia era siempre la misma los sujetos estaban muy contentos cuando la oferta era justa y muy desilusionados cuando la oferta se alejaba del 50%.
Estos investigadores querían saber si había algo inherentemente gratificante en ser tratado con decencia. Así que vigilaron la actividad cerebral de los sujetos mientras participaban en el juego. Encontraron que cuando la oferta era miserable la ínsula anterior, que es la región asociada con las emociones negativas como pueda ser indignación moral, se activaba significativamente. Sin embargo, encontraron que el estriado ventral, región asociada a los mecanismos de recompensa, se activaba cuando los sujetos eran tratados equitativamente, aunque la ganancia en ambos casos era la misma.
Según informan en su artículo del número de abril de Psychological Science, el cerebro encuentra el comportamiento egoísta emocionalmente desagradable (obviamente el de los demás), y un grupo de neuronas diferente encuentra la equidad edificante. Es más, estas señales emocionales suceden en estructuras que son rápidas y automáticas, así que parece ser que el cerebro emocional deniega o desautoriza la actividad de la parte racional de la mente, que es más deliberativa. Enfrentándose a un conflicto la posición por defecto del cerebro es, por tanto, demandar un trato justo.
Además, cuando los científicos examinaron el cerebro de aquellos que se tragaban su orgullo por unos dólares, la actividad cerebral mostraba un patrón específico. Parecía ser que la parte inconsciente de la mente puede temporalmente apaciguar los ánimos de una respuesta de desprecio, permitiendo a la parte racional y utilitaria del cerebro mandar, al menos momentáneamente.
Si le pagan igual que a sus compañeros de oficina aunque usted saque adelante más trabajo ya sabe por qué esto le hace sentir mal.

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Thalia