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En tierra Ogoni, los nigerianos respiran, beben y maldicen el petróleo

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En tierra Ogoni, los nigerianos respiran, beben y maldicen el petróleo

Un intenso olor a petróleo flota sobre el muelle. Las canoas, el agua, la arena y los manglares están cubiertos de una viscosa capa oscura. Es la postal habitual para los habitantes de Bodo, uno de esos pueblos del sur de Nigeria degradados por 50 años de extracción petrolera.
Es la tierra del reino Ogoni, en pleno corazón del delta del Níger, una región pobre e inestable, riquísima en hidrocarburos, en la que operan numerosas multinacionales.
En un informe sin precedentes, la ONU ha constatado recientemente la importancia y el impacto de la contaminación en tierra Ogoni. La contaminación es tal que exigiría la mayor operación de limpieza jamás acometida en el mundo, según el estudio.
Hay una "urgencia" debido a las amenazas para la salud de un millón de Ogonis, según Henrik Slotte, del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), organismo que ha realizado el informe.
En el muelle de Bodo, los aldeanos pisan descalzos la arena sucia. Algunos se tapan la nariz con la mano o con un pañuelo.
El petróleo ha llevado mucho dinero a Nigeria, primer productor africano, pero el coste ha sido muy alto para los Ogonis, que vivían de la pesca y la agricultura. Este pueblo ha visto cómo se destruía su sustento de vida con cada escape de crudo.
Los habitantes "dependen directamente de los recursos del mar (...). Con estas fugas, no podemos hacer nada", lamenta Michael Kobah, un maestro de 49 años. Hastiado de esperar una eventual intervención exterior para descontaminar la región, Kobah ha comenzado a plantar árboles con la esperanza de que purifiquen el aire.
"Ahora debemos ir a 50 millas, en alta mar, para atrapar cualquier pescado", dice Friday Gimmogho, de 31 años, en el muelle.
Patricia Boribor, de 62, asegura que ha abandonado sus tierras porque ya no producen nada.
A unos kilómetros de Bodo, en la localidad de Nisisioken Ogale, el PNUMA ha pedido a los habitantes que dejen de utilizar el agua de sus pozos. Las muestras tomadas revelaron que ese agua contenía 900 veces más benceno, un hidrocarburo cancerígeno, del límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un agua que los aldeanos beben y con la que cocinan y se lavan desde hace años.
Nisisioken está atravesado por un oleoducto de la compañía petrolera nigeriana NNPC y cuyos vertidos han contaminado la capa freática.
"El oleoducto está mal conservado. No prestan atención a nuestra comunidad", denuncia Austin Kpalap, un joven de 31 años que asegura que jamás se ha limpiado ningún escape de crudo en Nisisioken. "No lo limpian (...) No se interesan más que por aquello que se meten en los bolsillos. No dan la cara. La mayoría viven en Abuja, en Lagos, no son de aquí, no sienten" la contaminación ambiental, clama, encolerizado e impotente, contra la industria petrolera.
Unos kilómetros más lejos, en B-Dere, un camino de tierra estrecho desemboca en una laguna rodeada de vegetación. Los pájaros cantan, pero el aire es irrespirable. El lugar está recubierto de crudo.
El gigante británico-holandés Shell, primer operador en Nigeria, estuvo especialmente implantado en el país de los Ogoni. Se retiró en 1993, pero la zona aún está atravesada por dos oleoductos y numerosos pozos ahora inactivos que Shell tenía a nombre de SPDC, una sociedad creada con la nigeriana NNPC.
El informe del PNUMA critica a SPDC por la falta de vigilancia y de mantenimiento de sus instalaciones, causa de "problemas de salud pública e inseguridad".
El estudio destaca también que los trabajos de descontaminación llevado a cabo por la SPDC han sido insuficientes.
Shell, que asegura tomar en serio el informe y las recomendaciones de la ONU, sostiene que el sabotaje, el robo y el refinado clandestino de crudo, mediante la perforación de los oleoductos, son las principales causas de polución. "El 70% de las fugas del delta son causadas por el sabotaje", declara a la AFP el jefe del grupo en Nigeria, Mutiu Sunmonu.
Los observadores internacionales coinciden en que el refinado ilegal y los ataques a oleoductos por parte de grupos armados contribuyen a la contaminación y son un verdadero problema, pero aseguran que éste es un fenómeno reciente.
El informe del PNUMA critica también al gobierno nigeriano y le insta a una mayor legislación en temas medioambientales.
Para el presidente del Movimiento por la Supervivencia del pueblo Ogoni, Ledum Mitee, "el gobierno debería retirar la licencia a Shell" y la descontaminación debería comenzar "inmediatamente".
Una operación que los Ogonis esperan con impaciencia. Muchos, que carecen de empleo, esperan ser contratados para restaurar su hábitat.
Una mancha de crudo provocada por un fallo en un equipamiento de Shell en el reino Ogoni, en pleno corazón del delta del Níger, el 11 de agosto de 2011.

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Thalia