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Seguramente caerán en este blog muchos escépticos buscando material que refuerce su incredulidad y visión conservadora de la historia, no les den bola, estos artículos son mas que interesantes y a la larga tenemos siempre razón...desprestigiar algo es fácil, sostener su historia es imposible frente a la arqueología
Recordemos que escépticos siempre existieron y después tuvieron que borrarse...
"Hasta el ultimo cuarto del siglo XIX todavía la comunidad científica se cuestionaba la realidad de la existencia de la ciudad de Troya. Amplios sectores la consideraban un producto a caballo entre la mitología y la leyenda, existente solo en la grandiosa obra del poeta ciego Homero y en las de aquellos que siguieron su estela"
Seguramente caerán en este blog muchos escépticos buscando material que refuerce su incredulidad y visión conservadora de la historia, no les den bola, estos artículos son mas que interesantes y a la larga tenemos siempre razón...desprestigiar algo es fácil, sostener su historia es imposible frente a la arqueologíaRecordemos que escépticos siempre existieron y después tuvieron que borrarse...
"Hasta el ultimo cuarto del siglo XIX todavía la comunidad científica se cuestionaba la realidad de la existencia de la ciudad de Troya. Amplios sectores la consideraban un producto a caballo entre la mitología y la leyenda, existente solo en la grandiosa obra del poeta ciego Homero y en las de aquellos que siguieron su estela"
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Hasta el ultimo cuarto del siglo XIX todavía la comunidad científica se cuestionaba la realidad de la existencia de la ciudad de Troya. Amplios sectores la consideraban un producto a caballo entre la mitología y la leyenda, existente solo en la grandiosa obra del poeta ciego Homero y en las de aquellos que siguieron su estela
En la región, antes llamada Troáde, sobre la colina de Hissarlik (en la actual Turquía) dominando el estrecho de Dardanelos (antes Helesponto) que comunica el mar Egeo con el Mármara y este con el Mar Negro, descansan las ruinas de Troya, también llamada Illión por los griegos.
Cuando en el otoño de 1871, Heinrich Schliemann, rico comerciante alemán y apasionado amante del mundo homérico, dió su primer azadonazo en la colina de Hissarlik, la Troya del rey Príamo comenzó a salir de las lejanas brumas de la leyenda para convertirse en realidad histórica.
Schliemann, que no fue consciente de su error hasta pocos antes de su muerte, llevado por el entusiasmo del descubrimiento; trasladó en 1876 su teatro de operaciones a suelo griego, decidido a sacar de la leyenda la ciudad de Micenas, la enemiga de Troya y capital del reino del legendario Agamenón. La suerte volvió a acompañarle, y en la región situada entre la Grecia peninsular y continental, excavó una ciudad rodeada de impresionantes muros con sillares de hasta 17 toneladas, con un urbanismo bien planificado, sistemas de conducción y almacenamiento de agua, impresionantes tumbas reales cubiertas por gigantescas cúpulas de hasta 14 mts. de altura. En una de ellas encontró un magnifico ajuar funerario con objetos de oro que ofreció al Museo Nacional de Atenas.
Hablar del mundo micénico, de la cultura micénica, que toma su nombre de Micenas, ciudad que en la gesta homérica era la capital del reino de Agamenón; es hablar de los aqueos. Homero nunca habla en “la Illíada” de “griegos”, que es un término posterior. Para referirse a los ejércitos que sitiaron Troya, lo hace como aqueos, algunas veces danáos o helenos.
Las en principio, tímidas corrientes migratorias de otros pueblos sobre los reinos micénicos, no hicieron sino enriquecer su cultura y aportar frescos contingentes de población. Sin embargo en elsiglo XIV a. C. se aprecian ya signos de sobrepoblacion. Con este fenómeno se relaciona la destrucción de los palacios cretenses y los primeros asentamientos aqueos en el norte de Creta. Poco más tarde y aprovechando la decadencia del imperio hitita, aparecen las primeras colonias micénicas en la costa de Asia menor, cercanas a la región de Troáde.
Su privilegiada situación geográfica, por la que controlaba tanto las rutas comerciales con oriente como el trafico marítimo hacia el mar Negro, que le daban acceso a los mercados del trigo y los metales, a lo que se le añadía el peaje que los navíos que franqueaban el Helesponto debían pagar al rey de Troya, levantaron la codicia de los reyes aqueos.
Para la reconstrucción de la “epopeya troyana”, es decir los hechos literarios precedentes a la guerra, la guerra misma y su desenlace, se hace necesario recurrir a varios relatos de autores antiguos y de diferentes épocas; desde “La Iliada” de Homero, “Epistome” de Apolodoro, “El saqueo de Troya”deTrifiodoro; hasta la “Eneida” o “Heroidas”; de los poetas latinos Virgilio y Ovidio respectivamente. Es lo que se ha dado en llamar “el ciclo Troyano”.
Los relatos del “Ciclo Troyano” permiten la siguiente reconstrucción de la tragedia troyana:
Después de arduas negociaciones, al final, en Aulide, en la isla de Eubea, junto a la costa egea griega, se reunieron veinticinco reyes en una expedición de castigo contra Troya. La formaban mil doscientas naves y más de cien mil guerreros con Agamenóncomo “general de generales”. La fuerzas navales quedaron al mando de Aquiles y Ajax.
Tras azarosa travesía por el Egeo (la flota se perdió y saqueó varias ciudades costeras confundiéndolas con Troya) la armada aquea ancló sus barcos en costa troyana, protegiéndolos por una enorme empalizada de los ataques troyanos. Daba comienzo así una larga guerra de desgaste.
Habiéndose encontrado en combate Aquiles y Troillo, el menor de los hijos de Príamo, aquél sintiendo un violento deseo sexual por el adolescente le amenazó con matarle si no accedía a sus requerimientos. Huyo espantado Troillo, pero días mas tarde Aquiles le siguió hasta el templo de Apolo Timbreo y allí le violó de forma tan furiosa que le rompió varias costillas y el joven murió inmediatamente.
Hay algo más que un furor pasajero en las duras palabras que Aquiles le dirige al rey de Micenas; aparecen preñadas de resentimiento, de antiguos y callados rencores y de ambiciones personales frustradas. Su oscuro resentimiento la lleva a rogar en silencio a su madre que suplique a los “dioses inmortales” para que ayuden a los troyanos.
Tras la sangrienta batalla que sigue a esta dudosa situación, las fuerzas siguen niveladas, por lo que se pacta una tregua, que Héctor aprovecha para retar a uno a uno a los héroes aqueos. Ajax acepta enfrentarse a Héctor. Después de duro combate todo queda en tablas y Ajax y Héctor se intercambian sus armas en señal de mutuo respeto. Sin embargo este resultado exalta el ánimo de los troyanos, que crecidos lanzan todo su ejercito contra el aqueo y tras infringirle una terrible matanza, es acosado hasta sus naves. Los troyanos rompen las defensas costeras de los aqueos y prenden fuego a algunas navíos. Los dioses parecen haber abandonado al ejercito de Agamenón.
La situación es tan desesperada que Agamenón ya piensa en la huida y Patroclo ruega a Aquiles, que desde su navío ha mirado impasible estos desastres, deponga su odio y acuda con su ejercito a reforzar a los aqueos. Como Aquiles permanece inmutable en su decisión, Patroclo toma la coraza, las armas, glebas y el carro de Aquiles y entra en el combate seguido por los mirmidones de aquél. Aqueos y troyanos creen que es el mismo Aquiles el que a toda velocidad recorre las filas enemigas. Su “presencia” enardece a unos y aterroriza a otros. En plena desbandada troyana, Patroclo se enfreta a Héctor. Después de durísimo combate cuerpo a cuerpo, el troyano atraviesa con su lanza al aqueo, le arranca las armas y la armadura , que después mostrará como preciado trofeo sobre las murallas de la ciudad.
Es espectacular la descripción que hace Homero del momento en la que entre los brillos metálicos, que “la Aurora la del peplo azafranado” arranca al ejercito aqueo, sobresale refulgente la armadura y la impresionante presencia física de Aquiles, semejante al mismo dios de la guerra. Desde este momento Aquiles no es el guerrero que aterroriza y causa temor a sus enemigos, es la propia personificación del Terror y el Miedo. Es el mismo Ensañamiento en busca de sangre troyana. Las descripciones de la batalla son pavorosas. Enloquecido busca a Héctor, en medio de un campo de vísceras, miembros mutilados y cuerpos aplastados en el que su propio carro; salpicado con la sangre que los caballos levantan de los cadáveres; tiene dificultades para moverse. Cuando se encuentran, el duelo es el de dos leones heridos. Un venablo atraviesa a Héctor de parte a parte ante los ojos aterrorizados de su padre Príamo. Como un animal que sólo ha hecho probar el sabor de la sangre, lleva su odio y sed de venganza a limites que aterrorizan a los propios dioses. Perfora los tobillos de Héctor para atar el cadáver a su carro y lo arrastra alrededor de las murallas de Troya ante la mirada horrorizada de su padre, madre y esposa. No satisfecho con esto, lo lleva al campamento con la intención de entregarlo a los perros. No lo hace porque decide que durante diez días hará la macabra ronda alrededor de la ciudad. Al décimo día se celebran las exequias de Patroclo. En la pira arderán vivos doce jóvenes prisioneros troyanos. Sólo después, Aquiles consigue conciliar el sueño.
Sin Héctor, la guerra se inclina hacia los aqueos. Pero Afrodita revela a Paris el único punto vulnerable de Aquiles, el talón; el lugar por el que su madre le sujetó para sumergirle en la laguna Estigia y donde el agua no le tocó. También le revela donde puede encontrarle, en el templo de Apolo Timbreo. Allí se dirige Paris, y en una apoteosis de cobardía, le dispara una flecha alcanzándole en su único punto vulnerable. Se cumple el oráculo que le fue revelado a Aquiles en su patria: si la abandonaba moriría ante los muros de Troya.
Con estos hechos la guerra todavía continúa en un “impase”. El astuto Ulises ve claro, y lo hace ver al resto de generales, que la guerra nunca se ganará por las armas sino por la astucia.
Aquiles en el brazo ejecutor del hijo del aqueo. Después de matarlo, lo decapitó, descuartizó y ofreció sus restos a la tumba de Aquiles y a los buitres.
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Thalia