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El gran salto a la Luna

Fueron ocho años mágicos. Desde mayo de 1961 al 20 julio de 1969. Desde la decisión de Kennedy "lograr que un hombre vaya a la Luna y regrese a salvo a la Tierra antes del fin de esta década" la tecnología realizo un increíble salto.

En mayo de 1961, Alan Shepard realizo un pequeño vuelo suborbital. Ni siquiera una órbita completa ya que los norteamericanos no disponían de un cohete lo suficientemente potente para ello.  Avanzar desde ahí hasta pisar la Luna representaba un salto tecnológico similar al que la tecnología aérea realizo entre diciembre de 1903 y 1918. Entonces se paso de un corto salto de 36 metros  a cazas como el  Focker D.VII, un avión de 800 kilogramos que volaba a casi 200 kilómetros por hora. En ambos casos la motivación  fue una guerra. Una guerra declarada en el caso de aviación, o una "guerra fria"  en el caso de Luna. En ambos casos, se disponía de motivación política y recursos abundantes. Y la voluntad  de soportar incluso graves accidentes como la muerte en un incendio de los tres astronautas del Apolo I.



Cápsula Apolo 1 tras su incendio Fuente: Wikipedia


Por desgracia para los que estamos enamorados de la astronáutica, esa motivación ha desaparecido. En raras ocasiones en que surge la conversación no falta quien se pregunte ¿Por qué gastar dinero en ir al espacio cuando tenemos problemas mucho más urgentes aquí en la Tierra? Es una pregunta importante y necesita una buena respuesta. Lo cierto es que existen multitud de razones a largo plazo para justificar la inversión en el espacio. Desde el desarrollo de nuevas tecnologías con aplicaciones terrestres como los satélites meteorológicos al desvío de asteroides que puedan impactar contra la Tierra. Pero resulta difícil ser convincente cuando todos podemos ver otras  necesidades a corto plazo ¿por qué no retrasar todo 10, 20 o 30 años?

Hay una respuesta "política incorrecta" pero creo que acertada. Siempre tendremos problemas urgentes en la Tierra. Y lo cierto es que no dedicamos todos nuestros esfuerzos a resolverlos. Tal vez deberíamos pero no lo hacemos. Una parte de nuestro dinero y esfuerzo se dedican a otras actividades. Cultura, deporte  y exploración han formado parte desde siempre de la  historia humana aunque no tengan beneficios a corto plazo. O, si buscamos un ejemplo mas reciente, guerras, hambrunas u otros mil problemas cotidianos no detienen unas Olimpiadas. Hay problemas que son pasados por alto con  suficiente apoyo político y social.

El mismo espíritu  de exploración que fue parcialmente responsable de las misiones Apolo sigue existiendo.  Aunque ha buscado otros objetivos diferentes. En los últimos 50 años, 2.436 personas han ascendido al Everest. No sin riesgos ya  que otras  210 personas han fallecido en el intento. Casi una de cada diez. Hace unos días,once personas fallecieron en un accidente en el K-2. Esto no ha desanimado a los escaladores que siguen buscando patrocinadores, planificando expediciones y, si hay suerte, alcanzado la cima.  Ojala algún día recobremos la voluntad para mirar aún más arriba.

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Thalia