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Alcanzar las estrellas I: Ahora tenemos la bomba

Esta entrada es el comienzo de una pequeña serie que iré alternando con otras de anotaciones. La idea es explicar distintos conceptos de naves diseñadas para viajar a las estrellas más cercanas utilizando la ciencia y la tecnología actuales o ligeramente más avanzadas. Si alguna vez lo logramos probablemente sea en una nave muy diferente pero ya sabemos lo suficiente para empezar a soñar.

El combustible es peso y reducirlo es el objetivo de cualquier vehículo que desee desplazarse rápidamente. Esto es algo importante en los aviones pero es definitivo en un cohete hasta el punto de marcar si puede o no construirse. Para viajar a la estrella más cercana, Alfa Centauri situada a unos cuatro años-luz o 41 billones de kilómetros, es imposible utilizar combustibles químicos, el viaje seria tan lento que la nave desharía de puro vieja. Por eso los primeros diseños tuvieron que esperar hasta que se desarrolló la energía atómica.

Muy pronto, hacia 1947, surgió  Orion. Inicialmente era un proyecto para acortar radicalmente el tiempo necesario para viajar a otros planetas del sistema solar. Sin embargo, conforme avanzaba el diseño, se comprobó que era posible utilizarlo para viajar a las estrellas. El principio era simple, utilizar una pequeña bomba nuclear que explotaría a corta distancia de la nave empujandola mediante su onda expansiva. Aun así serían necesarias cientos de explosiones sucesivas para lograr las velocidades deseadas. Esto implicaba, como mínimo, dos problemas graves: proteger la nave de la explosión y minimizar los residuos radiactivos.

Nave proyecto Orion

Dado que era tremendamente difícil contener la explosión se pensó en alejarla de la nave e interponer un escudo de varios metros de espesor entre ella y la nave. Los análisis confirmaron que era posible absorber el empuje mediante grandes amortiguadores suavizando el impacto y proporcionando un empuje relativamente estable. Para probar que los materiales de aquella época podían soportar la radiación y el impacto se situaron  dos esferas de acero recubiertas de grafito en las cercanías de una explosión nuclear. Más tarde pudieron ser recuperadas relativamente intactas. En principio, la nave podía construirse.

Evitar la contaminación radiactiva era algo totalmente distinto. Incluso sustituyendo las bombas de fisión por bombas de fusión, tras un despegue desde la superficie terrestre la contaminación seria muy extensa y peligrosa.  Sobre todo cuando se descubrieron los graves riesgos de las explosiones nucleares en la atmósfera.  Debido a ello, en 1963 un tratado prohibió cualquier explosión nuclear que no fuese subterránea. 
Se planteó la posibilidad de colocarla en orbita terrestre y lanzarla desde allí pero, aunque el problema se reducía mucho, no parecía suficiente. Ademas el tratado también  prohibía las explosiones en el espacio.  Como consecuencia tuvo que olvidase el único diseño de nave estelar capaz de llevarnos a Alfa Centauri con la tecnología del siglo XX. Seguramente fue para bien. Pero eso no impidió que se comenzase a trabajar en nuevos diseños mas “controlados”. El sueño no había muerto.
Esta es la primera parte de una serie formada por:

Alcanzar las estrellas I: Ahora tenemos la bomba

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Thalia