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Estrellas, satélites espía y marcas de agua

No hay nada peor que tener una fotografía y no recordar donde la has sacado. Bueno si. No recordar quien es esa persona que tienes al lado. O quien te la ha hecho. Como consuelo para despistados como yo, eso ha sucedido incluso con las fotografías de los primeros satélites espía.

El 29 de septiembre de 1962, poco antes de que estallase la famosa crisis de los misiles entre Estados Unidos y Cuba, un satélite KH-4 fue colocado en órbita con una cámara muy especial. La misión de este satélite era fotografiar las instalaciones militares de otros países desde el espacio.  El problema es que no bastaba con sacar una fotografía, ampliarla y localizar un silo de misiles nucleares camuflados entre sus borrosos detalles. Una vez identificados,  el siguiente paso era saber donde se encontraba exactamente, algo que tampoco resultaba fácil.

Para empezar el satélite seguía un orbita elíptica, acercándose a unos 165 kilómetros para obtener imágenes y volviendo a alejarse hasta los 460. Por otro lado, era necesario mantenerlo perfectamente orientado y, simultáneamente, girar  la cámara a derecha o izquierda de la trayectoria para localizar los puntos interesantes. Cualquier pequeño error podía ocasionar que se fotografiase una zona a decenas de kilómetros de su objetivo. No olvidemos que, a pesar de utilizar la mejor tecnología de los años 60, este modelo era uno de los precursores de satélites como el que intentan desintegrar antes de que vuelva a la atmósfera. La tecnología no era, ni es perfecta.


Sin embargo, se encontró una solución sorprendentemente simple y eficaz. El satélite portaba un altímetro láser y una cámara adicional (“stellar camera”) que fotografiaba, simultáneamente,  las estrellas “a su espalda”. La imagen de las estrellas marcaba la orientación del satélite, por otro lado el momento de disparo y la altura permitían calcular la posición en su órbita. Con ambos datos y un poco de geometría era posible saber con precisión el punto fotografiado. Esta simple idea fue un importantísimo secreto militar hasta 1995 cuando se desclasificaron varios documentos que explicaban como algunas misiones Apolo utilizaron esta misma tecnología  para fotografiar la Luna. De hecho, la idea es tan buena que aun ahora se sigue utilizando para  controlar la orientación de algunos satélites.

Todo esto lo he recordado por una noticia que he leído recientemente. Parece que Canon ha patentado la idea de incluir un escáner para el iris en sus cámaras. Al realizar la foto, la imagen escaneada del ojo se incorporaría a la misma como una marca de agua digital. Si además añadiesen fecha y la posición G.P.S. tendríamos una fotografía con todos los datos necesarios para poder archivarla correctamente. Incluso demasiados si estamos preocupados por nuestra privacidad

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Thalia