Mucha gente no sabe que podemos ver la Estación Espacial Internacional a simple vista, sin telescopios ni otras ayudas. Basta con saber donde mirar y escoger un momento en el que refleje la luz solar. Pero hace 50 años hubo un objeto más grande, más visible y mucho más simple orbitando la Tierra. Además, resultaba sorprendentemente útil.
Los satélites de comunicaciones significaron una revolución a la que nos hemos acostumbrado sin darnos cuenta. Resultan tremendamente útiles para transmitir información y, sobre todo, para difundirla de un modo que los cables submarinos no pueden conseguir. Por ejemplo, actuando como emisores de señales de televisión. El antecesor de todos los satélites actuales fue un simple globo.
Los satélites de comunicaciones significaron una revolución a la que nos hemos acostumbrado sin darnos cuenta. Resultan tremendamente útiles para transmitir información y, sobre todo, para difundirla de un modo que los cables submarinos no pueden conseguir. Por ejemplo, actuando como emisores de señales de televisión. El antecesor de todos los satélites actuales fue un simple globo.
Echo-1, inflado en un hangar. Fuente: Wikipedia
Los satélites Echo, eran unos sencillos globos de
Un elemento clave para hacerlo posible, fue el desarrollo de tecnologías de rastreo capaces de localizar el satélite y orientar las antenas al mismo. Pensemos que en aquella época no había cohetes capaces de elevar un satélite hasta la órbita geoestacionaria. Ambos satélites orbitaron a unos 1000 kilómetros de altura y cruzaban el horizonte con rapidez por lo era necesario saber donde esta si se quería utilizar. Para ello, se utilizaron
Desgraciadamente, ya no podemos verlos en el espacio. El

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Thalia