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Elogio de la pereza

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Elogio de la pereza

Por: Adriana Balaguer, el 16 de noviembre de 2010, 05:49 AM
Para la fiaca no hay edad. Hay una pereza, un desgano, que nos asalta en la niñez, que nos permitimos  vivir un poco más cuando somos jóvenes, y que seguimos reconociendo en nosotros (con algo de culpa) cuando somos adultos. Suele entrar en escena cuando una responsabilidad se nos hace presente, o por imposición o porque hay algo que sabemos debemos hacer aunque no tengamos ganas.  Puede despertarse con nosotros en la mañana de un lunes o de un viernes, cuando queremos que el descanso del fin de semana se prolongue un ratito más o llegue cuanto antes. Pero también puede ganarnos la voluntad después de un almuerzo opíparo o justo cuando estamos por entrar a clase.
Podría decirse que es hasta normal que despejar de papeles el escritorio o limpiar los vidrios de un gran ventanal dé mucha fiaca. Pero este virus también se extiende hacia actividades que no exigen un esfuerzo físico relevante y que hasta podrían considerarse placenteras. Cocinar, leer, juntarse con amigos, saludar a alguien por su cumpleaños, salir a caminar y hasta organizar un viaje, en muchos casos, también da fiaca.
Dicen que esto suceder porque  la fiaca es un ¿defecto? de los tiempos que corren. Y que tiene que ver con la creencia de que todo tiene que ser divertido. “Es la cultura del control remoto que cambia de canal cada vez que le da fiaca”, explican.
Pero personalmente prefiero asociarla con el exceso de responsabilidades, con lo mal visto que está decir “no lo hago porque no tengo ganas” o “porque prefiero dejarlo para mañana”. ¿Realmente alguien cree que haya que avergonzarse por sentir fiaca? ¿Es más mediocre alguien que ha aprendido a disfrutar de la fiaca que alguien que no puede parar de moverse?
Es cierto que la fiaca en exceso puede estar hablando de otra cosa. De una crisis personal con la vida que se lleva. De la dificultad de tener un proyecto y de movernos hacia él. Pero en pequeñas dosis, considero a la fiaca “puro placer”. Un recreo en medio de tanta actividad y exigencia.
A continuación, y aunque estoy segura que hay un montón de expertos leyendo estas líneas, van algunas instrucciones para que hacer fiaca no nos genere problemas:
- Reservarse días para faltar (al club, al colegio, al trabajo) sólo porque tenemos fiaca. Conviene para eso cuidar las inasistencias permitidas para el año.
- No ser sinceros con el resto del mundo a la hora de explicar nuestra inactividad injustificada. Siempre hay una buena excusa para protegernos de la crítica ajena. ¿Qué ganamos con contarles la verdad?
- No postergar una actividad más de tres veces por culpa de la fiaca. Tampoco es cuestión de que se convierta en vicio.
Y para cerrar, una curiosidad. ¿Sabían que en Uruguay, tener fiaca es sinónimo de tener hambre? Y aunque les parezca rebuscado, creo que hay cierta lógica en ambas definiciones del término. No es la fiaca, en definitiva, hambre de otra cosa distinta a la que tenemos por delante.
¿Qué cosas te dan fiaca? ¿Qué hacés cuando la experimentás?

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