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Robot enamorado captura mujer en laboratorio

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"¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" se preguntaba Philip K. Dick en su célebre novela de ciencia ficción de finales de los sesenta. Ahora, por fin, podemos decir que sí, que sueñan, aunque no con ovejas, sino con mujeres... 



Por lo menos ese es el caso de Kenji, un robot humanoide de tercera generación desarrollado en Japón por el Instituto Akimu de Investigación Robótica, de Toshiba. Y es que Kenji está programado para emular sentimientos humanos, entre ellos el amor. Desde hace ya casi un año, sus creadores lo pasean con orgullo por congresos y presentaciones afirmando que Kenji es capaz de demostrar, sin duda, el equivalente robótico del amor. 

Un amor que le ha llevado ahora a cometer una locura: asediar y abrazar durante horas enteras a una de las técnicos de laboratorio que más tiempo pasaba con él. Hasta el punto de impedirle físicamente abandonar la estancia en la que se encontraban. Al final, otros dos científicos tuvieron que intervenir y apagar a Kenji. Pero al encenderlo de nuevo el robot volvía a las andadas y se abalanzaba, literalmente, hacia la persona que estuviera más cerca. Para colmarla, eso sí, de abrazos, mimos y atenciones cibernéticas.

"Al principio estábamos emocionados al ver una chispa de nuestra propia alma revivir en lo que nosotros llamamos máquina", asegura Akito Takahashi, el investigador principal del proyecto. Junto a otro grupo de robots, Kenji formaba parte de un ambicioso experimento. Un software especialmente diseñado le iba a permitir, tanto a él como a los demás, aparentar reacciones "emocionales" ante estímulos externos. 

Al principio, Kenji empezó a mostrar "amor" por una muñeca de trapo, de la que no se separaba nunca y a la que abrazaba durante horas enteras. Si no la tenía a la vista, además, el robot preguntaba insistentemente por ella. Los investigadores, entonces, atribuyendo su comportamiento a las cualidades de devoción y empatía que le habían sido programadas, consideraron el experimento como un éxito.

Pero la cosa, con el paso del tiempo, empezó a escapar del control de los científicos, que quizá no tuvieron en cuenta los efectos de varios meses de interacciones sobre el complejo sistema de aprendizaje que ya había proporcionado a Kenji la capacidad de dar muestras de ternura. La cuestión es que, durante las últimas semanaas, los "sentimientos" del robot hacia su muñeca (pero también hacia cualquiera que se acercara a él lo suficiente) se habían disparado. Tanto, que Takahashi y su equipo empezaron a tener miedo de enseñar a Kenji a extraños.

Las peores preocupaciones empezaron cuando una joven técnico empezó a pasar varias horas al día con Kenji, para probar sus sistemas y para cargar en él nuevos programas y rutinas. Hasta que una tarde, a la hora de marcharse. Kenji se negó a dejarla salir del laboratorio, cerrándole el paso, bloqueando la puerta con su gran cuerpo metálico y lo que es peor, abrazándola insistentemente. La joven pudo escapar sólo después de conseguir llamar por teléfono a dos investigadores senior, que acudieron en su ayuda y consiguieron desconectar el robot. "A pesar de nuestro entusiasmo inicial, ha quedado claro que los impulsos y el comportamiento de Kenji no son del todo racionales ni auténticos", asegura el doctor Takahashi.

Desde que se produjo el incidente, las cosas no han mejorado, sino al contrario. Cada vez que Kenji es reactivado, se lanza al instante hacia el primer técnico al que echa la vista encima, para después asirlo fuertemente con sus dos brazos hidráulicos de cien kilogramos de peso. Para colmo, Kenji hace esto al tiempo que comunica su "amor" emitiendo una serie de ladridos y maullidos (los únicos sonidos que tiene grabados) a través de un pequeño altavoz de 20 vatios instalado en su pecho.

Takahashi admite que es más que probable que Kenji sea desconectado de forma permanente, aunque confía en que un día tendrá éxito en su empeño. "Esto ha sido solo un pequeño contratiempo -afirma el científico-. Estoy convencido de que algún día viviremos cara a cara, y quizá incluso amemos y seamos amados, por robots".

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Thalia