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¿Cuán fáciles de engañar son los osos polares?

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¿Cuán fáciles de engañar son los osos polares?

osezno polar Knut
Hace menos de un mes murió el oso polar Knut, famoso por haber sido criado con biberón por un técnico del Zoológico de Berlín. Rechazado por su madre, Knut fue rescatado de una muerte segura. Algunos se preguntaron si era correcto rescatar a un animal que nunca podría socializar con otros de su especie. Unas declaraciones atribuidas al activista de los derechos de los animales, Frank Albrecht, desataron el interés mundial por el animalito. Según un tabloide sensacionalista alemán, aquel hombre propuso, lisa y llanamente, la ejecución del osezno. Esto no era verdad. Pero la polémica ayudó a instalar el amor por Knut.
La falsa noticia sensibilizó a los amantes de estas criaturas y el animalito recibió toda clase de mimos. Knut sobrevivió cinco años y fue una antorcha encendida para convocar la atención del público. Que ni siquiera se opacó cuando, en 2008, trascendió que se había vuelto un adicto a la adulación humana y creció el temor a sus reacciones. "Está obsesionado con ser el centro de atención y se enfurece cuando le niegan esa atención", explicó en su día Markus Roebke, uno de los cuidadores del zoo de Berlín.
El oso furioso (y vanidoso) fue parte del show, a no olvidar que este estereotipo nos acompaña a través de los siglos en mitos como El Golem, Frankenstein o King Kong: la criatura creada o educada por el hombre que muerde a la mano que le dio de comer.
Pero el oso polar es, sobre todo, una especie que enternece por los papeles que consiguió interpretar en documentales de Animal Planet o la BBC, pero también gracias a su astucia a toda prueba y a sus réplicas de peluche.
¿Dónde buscar evidencias sobre la inteligencia del llamado "Rey del Ártico"? El secreto podría estar encriptado en el misterioso ejemplar que aparece en Lost (y si esa respuesta existe, debe figurar en el reciente Lostología. Estrategias para entrar y salir de la Isla, el primer libro en español dedicado al estudio de la serie.) Aún así, seguimos sin saber qué hacía el oso en una isla perdida del Pacífico, al igual que no sabemos si diez tiros son suficientes, o excesivos, para matar a un animal de ese porte. Pero esos fueron los disparos que necesitó hacer Sawyer para derribar lo que hasta entonces no parecía más que una ilusión óptica.
La presencia de una criatura poco afecta a alejarse del Círculo Polar Ártico en una locación tropical fue una de las incursiones más desconcertantes de estos animales en la cultura popular.
De acuerdo con el canon humano, exhibir escasa predisposición para ser víctima de engaños es un signo de inteligencia. Por eso, a favor de la sagacidad del oso polar, es dable presentar parte de un casi fallido documental de la BBC. Allí vemos cómo varios ejemplares se las arreglan para detectar y destruir las cámaras espía que el equipo de producción trató de sembrar sobre el hielo y el agua.
Los realizadores del documental debieron suponer que enviar las cámaras robot disfrazadas de témpanos de hielo o montículos de nieve era una manera sutil de registrar a los animales en su ambiente sin afectar el comportamiento de las criaturas (al mismo tiempo que aceleraban los días de rodaje, claro). Pero no contaban con la astucia, ni las ganas de jugar de los osos.
El documental no fue un fracaso completo porque, pese a que no lograron convertir a su habitat en un set de Gran Hermano, puso de relieve la sutil picardía del animal. Miren:
Quedó clarísimo. No es fácil embaucar a un oso polar. Y correrlos con sus métodos, una ingenuidad: el acecho está entre sus propias estrategias de caza. Suelen permanecer inmóviles, respirando por un agujero o asomándose entre las crestas del hielo, para voltear de un zarpazo a la presa que será su alimento.
"Son tan inteligentes como los monos", afirma la antropóloga de la Universidad de Cambridge, Alison Ames. "Uno de los signos de su capacidad cerebral es el éxito que tienen en la caza de focas", dice Ames, quien además ha visto a los osos romper bloques de hielo para extraer peces incrustados en ellos y jugar con aparejos plásticos.
Encabezan la cadena alimentaria en las regiones polares. Pero, ¿tiene enemigos? Desde luego. Sus principales adversarios son los seres humanos, las morsas, el clima y se ha llegado a plantear que la escasez alimentaria ha incrementado los casos de canibalismo (osos que se comen a otros osos).
En una de las regiones más densamente pobladas, como la Bahía de Hudson, en Canadá, se han registrado escenas escalofriantes. Una de ellas fue registrada por Daniel Cox, un fotógrafo que es, a su vez, miembro del Consejo Asesor Internacional de los Osos Polares.
El material despertó la ira de los amantes de la fauna ártica. Cox filmó a tres osos polares, la madre con sus dos cachorros, en una escena que parece el final de una triste agonía. El video fue publicado en Natural Exposures y el público acusó a Cox y a su equipo de no haber intervenido para salvar a los animales.
"Pese a que no teníamos ninguna prueba de ello, parecía que los tres estaban a punto de morir de hambre", escribió Cox en la crónica que le dedica al estremecedor video. Uno de los cachorros sufrió dos ataques de violentas convulsiones en presencia de los excursionistas. "El segundo fue tan intenso que parecía imposible que pudiera haber sobrevivido. Fue una de las escenas más horribles que he visto en el mundo de la naturaleza y que, según predicen los científicos, se repetirá con mayor frecuencia".
Cuando el equipo se alejó, el cachorro seguía vivo. "Pero todos nos preguntamos cuánto tiempo más podía aguantar. Se había puesto el sol y ya era hora de regresar al albergue".
Los osos polares habitan desde Rusia hasta Alaska, y desde Canadá hasta Groenlandia y Noruega. Organizaciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y la Polar Bears Internacional estiman que la población de osos polares actual oscila entre los 20.000 y los 25.000 ejemplares. Son demasiado bellos y quedan muy poquitos, realmente.
Daniel Cox asegura que difundió la escena para concientizar sobre los peligros que amenazan a la especie. Retorno triunfal (o vergonzoso, según el cristal) de la pregunta que se planteó alrededor de Knut: ¿Cox debía ayudar o permitir que la naturaleza siguiera su curso? Él decidió hacer su trabajo. Y si cabe otra respuesta, restar recursos para difundir la amenaza que se cierne sobre el oso polar no es una opción recomendable.
Una investigación publicada en el Journal of Zoology sugiere que los cráneos de los osos polares se están encogiendo aceleradamente, siendo los actuales son un 9 por ciento más pequeños que los de principios del siglo XX.
Gracias a una colección de casi 300 cráneos de osos polares del Museo Zoológico de Copenague, en Dinamarca, los científicos descubrieron que estos cambios en la densidad ósea se podrían relacionar con el aumento de los contaminantes industriales, la reducción de la plataforma de hielo ártica, las crecientes dificultades para obtener alimento y la caza humana, "una actividad que pudo reducir la diversidad de su patrimonio genético", como explica Cino Pertoldi, profesor de biología de la Universidad de Aarhus y la Academia de Ciencias de Polonia.
Oso Polar
Queda poco margen para la sorpresa, entonces, cuando la revistaBiología Polar publica un estudio del zoólogo George Durner ha descubierto que los osos polares son cada vez mejores nadadores. Esto, que parece una buena noticia, indica todo lo contrario. Estamos ante una ventaja adaptativa que sería consecuencia del cambio climático: el derretimiento de los hielos los obliga a nadar distancias cada vez mayores para cazar focas. Como lo hacen en aguas heladas, su salud se deteriora (pierden grasa corporal, crías, etc) y es otro tic del tic-tac de la cuenta regresiva que anuncia su extinción.
El tierno Knut transformado en un peluche psicópata como causa indirecta del tesón humano por preservarlo o el peligrosísimo ejemplar que volteó Sawyer en Lost, siguen siendo estereotipos. Escenas como la filmada por el fotógrafo Daniel Fox en la Bahía de Hudson tal vez están más cerca de la realidad.
Queda claro que los esfuerzos del hombre por preservar la vida del oso polar son insuficientes. Estas criaturas emocionantes merecen que cada ser sensible se convierta en un agente multiplicador.
Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4

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