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El rayo verde: uno de los efectos más hermosos de la Naturaleza

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El rayo verde: uno de los efectos más hermosos de la Naturaleza

¿Quién puede decir que no sabe alguna historia de Julio Verne? No hace falta leer a este gran escritor, aunque lo recomendamos encarecidamente, para saber de las andanzas del señor Fogg alrededor del mundo, el capitán Nemo a bordo de su Nautilus, aquel correo del Zar o las aventuras de J.T. Maston en su viaje al espacio. De acercar estas grandes aventuras ya se han encargado innumerables filmes, artículos, novelas, poemas… y todos basados en las hazañas visionarias creadas por el señor Verne. Pero dejando de lado, y para más adelante, el carácter profético de su obra, hoy vamos a centrarnos en un aspecto más técnico de sus historias: el trasfondo científico. En sus obras podemos observar una gran cantidad de datos, fechas, nombres… basados muchos de ellos en circunstancias reales, lo que otorgaba verosimilitud al relato. Y uno de estos datos es el que nos ocupa hoy: el rayo verde.
El rayo verde sólo puede verse, a ojos de la leyenda, a la puesta de sol, por aquellas personas que están verdaderamente enamoradas. Otra variante es que si dos personas contemplan este rayo a la vez, se enamoran al instante la una de la otra. También hay la creencia que en ese momento, el observador del fenómeno puede saber con exactitud los conocimientos de todo aquel que le rodea. Esto es la leyenda… ahora pasaremos a la Ciencia:
En realidad, el rayo verde no es en realidad un rayo, y ni siquiera tiene que ser de ese color, aunque se ha adoptado esa denominación por la fugacidad de su aparición y que, habitualmente, el verde es el color con el que puede observarse. En realidad, todo ocurre en el orto (salida) o puesta del sol, aunque también es posible que ocurra con la Luna y, se cree aunque no hay pruebas de ello, con el resto de planetas.
La mayoría de las veces, el fenómeno se observa en forma de óvalo, cuando el sol ya ha desaparecido, la superficie está a más temperatura que el aire que se encuentra encima y el observador está muy próximo al nivel del mar. También puede ocurrir que aparezca aun cuando el sol no se ha puesto del todo, y se debe a que una capa de inversión térmica se encuentra por debajo del observador. También puede que aparezca algo parecido a un reloj de arena, aunque resulta muy difícil de verse. Y para terminar, el rayo verde en sí aparece justo después de que se ponga el sol y parece un fogonazo verde justo en el lugar donde estaba la porción de disco solar que ya está por debajo del horizonte.
Este fenómeno ocurre por eso que llamamos “refracción”, es decir, la dispersión de la luz y el reflejo de esta debido a condiciones ópticas provocadas, en gran medida, por las condiciones meteorológicas. Y esta refracción la que provoca que la luz tome otra longitud de onda, cambiando su color hacia tonos a los que no estamos acostumbrados a contemplar en el cielo. Un ejemplo de la refracción y su efecto en los colores es el azul del cielo, que es provocado por la atmósfera, aun cuando el Sol emita luz amarilla.
Así, las tonalidades que pertenecen a longitudes de onda más débiles (como el azul) se pierdan, y si las condiciones son favorables, otras tonalidades también se pierden, predominando las longitudes de onda cercanas al verde durante un brevísimo espacio de tiempo.
De todas formas, personalmente creemos que el aspecto “romántico” del rayo verde es mucho más atrayente que el científico, sin desprestigiar éste, por supuesto. Sea como sea, invitamos a todo el que quiera ver una de las maravillas que ofrece nuestro mundo, que intente ver ese “rayo verde”. A lo mejor, sólo a lo mejor, puede que en ese instante encuentre el amor.

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Thalia