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Actualidad astronómica: el kiosco del astrónomo

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Actualidad astronómica: el kiosco del astrónomo

Área: Espacio — Domingo, 28 de Noviembre de 2010
Juan Antonio Bernedo nos envía otra vez un artículo con la actualidad astronómica de los últimos meses. Casi todas las noticias que comenta aquí no han sido cubiertas por NeoFronteras.
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Se nota que estamos en tiempo de crisis. Se restringen gastos y se olvidan los desarrollos de misiones costosas. También se aprovecha para dejar de lado misiones espaciales de dudosa rentabilidad científica y alto coste, como la vuelta a los aterrizajes en la Luna. Por el contrario, se aúnan esfuerzos de distintas agencias y se colabora en proyectos que no se pueden desarrollar en solitario, como ALMA. Se reciclan exploraciones: se extraen nuevos datos de viejas misiones ya abandonadas; las naves se reutilizan y se extiende el período de vigencia de lanzaderas y estaciones. ¡Algo bueno tenía que tener la crisis!
La última vuelta de tuerca en este esfuerzo de estirar lo que ya no da más de sí, es renombrar las misiones espaciales para que parezcan nuevas, como la enviada al cometa Hartley 2, que comentamos a continuación porque ha obtenido resultados extraordinarios.


Cometa Hartley: una buena segunda parte
La antigua sonda de la NASA, “Deep Impact”, y renombrada ahora “EPOXI” fue desviada y redirigida para que pasase a sólo 700 km de distancia del cometa Hartley 2 para fotografiar su núcleo de 2,2 km de largo de cerca. Moviéndose a unos 12 km/s de velocidad relativa al cometa, la toma de imágenes y análisis del núcleo del cometa fue algo extraordinariamente difícil de realizar. Sin embargo, sus resultados son sorprendentemente valiosos.
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Núcleo del cometa Hartley2, en una imagen tomada por la sonda Deep Impact-Epoxi desde una distancia de 700 km. Fuente: NASA.
Las imágenes obtenidas mostraron un núcleo bastante alargado y muy activo en algunas zonas, compuesto por un agregado de piedras, polvo y hielo.
La sonda pasó a unos 44.000 kilómetros por hora a través de la nube de gas y polvo que rodeaba al núcleo, el 4 de noviembre de 2010.
Se trata del quinto acercamiento de una sonda espacial a un cometa lo suficientemente cerca como para fotografiar su núcleo. Con los datos obtenidos se podrán hacer comparaciones con los núcleos de otros cometas, determinando sus características comunes.
La importancia del estudio de los cometas radica en que los astrónomos creen que estas agregaciones de gas, hielo, rocas y polvo formaron los planetas más lejanos de nuestro sistema solar hace unos 4.500 millones años. Algunos científicos incluso dicen que los cometas originalmente contenían (y aportaron) el agua y los compuestos orgánicos que dieron origen a la vida de nuestro planeta.
Unos días más tarde de la aproximación, tras el procesado, las imágenes mostraban que algunos de los chorros emitidos por el cometa empujaban trozos de material, alejándolos lentamente del núcleo, formando “minicometas” a su alrededor.
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La cámara de alta resolución muestra gran cantidad de partículas de hielo envolviendo el extremo en sombra del Hartley 2. Se aprecian, también, los chorros de CO2. Fuente: NASA / JPL / Univ. of Maryland.
Al parecer, 9 de estas pequeñas agregaciones de partículas golpearon la nave durante los 10 minutos de su acercamiento e hicieron temblar su estructura, aunque sin dañar la sonda. Esas partículas tenían entre 1 y 10 micras.
Un descubrimiento importante es que los conjuntos de chorros que emanan de los extremos del Hartley 2 no son de vapor de agua, sino de hielo seco (CO2) que sale de debajo de su superficie. Este hecho no se puede constatar más que desde sondas espaciales, porque el CO2 emite principalmente en el infrarrojo, (a 4,26 micras), difícilmente observable desde tierra. Las pocas medidas de la proporción CO2-H2O tomadas por sondas espaciales en otros cometas, han dado menos de un 10% de CO2.
Estas medidas del CO2 fueron tomadas mediante el espectrómetro de a bordo, que también captó el agua mezclada con los chorros de CO2 y algo de materia orgánica (compuestos CHON), algo que ya captó la sonda Giotto en el Halley en 1986. De la anterior misión de la Deep Impact se sabe, por su bombardeo del cometa Tempel 1, que tenía una capa de hielo externa de entre 1 y 2 metros de profundidad cubriendo el interior de hielo carbónico.
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Los dos cometas visitados por la sonda, a la misma escala. Mientras que en el Hartley 2 se aprecian fácilmente los chorros, en el Tempel 1, mucho mayor (7,6 km de ancho), hubo que procesar la imagen para que pudieran distinguirse levemente. Fuente: NASA / JPL / Univ. of Maryland.
La sonda Deep Impact fue lanzada a comienzos de 2005, y consiguió disparar un proyectil contra el cometa Tempel 1, confirmando la existencia de hielo en varias partes del núcleo. El nombre EPOXI de esta nueva misión es el acrónimo de “Extrasolar Planet Observations and Characterization (EPOCh)” sumado a “Deep Impact Extended Investigation (DIXI)”.
Fuente: Noticias de JPL-NASA 18 de noviembre 2010, y de la Universidad de Maryland, 10 noviembre 2010.
Más información:
Epoxi.
UMD.


El mal llamado planeta extragaláctico
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Impresión artística del planeta.
Ha aparecido recientemente en las noticias astronómicas de diversos medios, el descubrimiento de un “planeta extragaláctico”. En realidad se trata de un planeta que orbita alrededor de una estrella que parece haber sido capturada por nuestra galaxia en un “choque”, o más bien una absorción, de una galaxia enana hace miles de millones de años.
El exoplaneta, que orbita una estrella que entró en nuestra Vía Láctea desde otra galaxia, fue detectado por un equipo europeo de astrónomos que empleó el telescopio MPG/ESO de 2,2 metros en el Observatorio La Silla de ESO, en Chile. El planeta, parecido a Júpiter, es atípico, ya que está orbitando una estrella que se acerca al fin de su vida y podría estar a punto de ser absorbido por ella, ofreciendo pistas relevantes sobre el destino de nuestro propio sistema planetario en el futuro.
En los últimos 15 años, los astrónomos han detectado casi 500 planetas orbitando estrellas en nuestro vecindario galáctico, pero ninguno fuera de nuestra Vía Láctea ha sido confirmado. Ha habido algunos anuncios tentativos sobre detección de exoplanetas extragalácticos utilizando el método de “microlente gravitacional”, que consiste en que, cuando el planeta pasa frente a una estrella aún más distante, provoca un “destello” sutil, pero detectable. Sin embargo, este método se basa en un suceso especialmente improbable: el alineamiento casual de una fuente de luz lejana, un sistema planetario y el observador en la Tierra, por lo que hasta ahora no se ha podido confirmar ninguna de estas detecciones de planetas extragalácticos.
Ahora, utilizando el método de la velocidad radial, se ha descubierto un planeta, con una masa mínima de 1,25 veces la de Júpiter, orbitando una estrella de origen extragaláctico, aunque la estrella se encuentra ahora dentro de nuestra propia galaxia. Es parte de la llamada corriente Helmi, un grupo de estrellas que originalmente pertenecieron a una galaxia enana que fue devorada por nuestra galaxia, la Vía Láctea, en un acto de canibalismo galáctico que ocurrió hace unos nueve mil millones de años.
La estrella es conocida como HIP13044, y está ubicada a unos 2.000 años-luz de la Tierra, en la constelación meridional de Fornax (el Horno). Los astrónomos detectaron el planeta, llamado HIP13044b, a través de los pequeños tambaleos de la estrella causados por el tirón gravitacional del planeta orbitando a su alrededor. Para estas observaciones de gran precisión el equipo empleó el espectrógrafo de alta resolución FEROS (Espectrógrafo Óptico de Rango Extendido alimentado por Fibra), del telescopio MPG/ESO de 2,2 metros en el Observatorio La Silla de ESO, en Chile.
El planeta HIP13044b también es excepcional por ser uno de los pocos exoplanetas conocidos que ha sobrevivido el período en que su estrella madre se expande masivamente después de agotar las reservas de combustible de hidrógeno en su centro, conocida como la fase de gigante roja en evolución estelar. Ahora la estrella se ha vuelto a contraer y está quemando helio en su centro.
Estas llamadas “estrellas de la rama horizontal” habían permanecido inexploradas por los buscadores de planetas. Pero ahora hay un estudio sistemático para buscar exoplanetas que orbitan estrellas que se acercan al fin de sus vidas, que ha dado como resultado este gran descubrimiento.
HIP13044b está cerca de su estrella madre. En el punto más cercano de su órbita elíptica está a menos de un diámetro estelar de la superficie de la estrella (0,055 veces la distancia Sol-Tierra). Completa su órbita en sólo 16,2 días. Se plantea como hipótesis que la órbita del planeta pudo inicialmente haber sido mucho más amplia, pero que cayó hacia adentro durante la fase del gigante roja de la estrella.
La estrella rota relativamente rápido para ser una estrella de la rama horizontal. Una posible explicación es ser que HIP13044 se tragara a sus planetas interiores durante la fase de gigante roja, lo que habría hecho que la estrella gire más rápidamente. Puede ser así, puesto que de haber existido planetas más cercanos, habrían sucumbido ya.
Si bien hasta ahora el planeta HIP13044b ha escapado al destino de estos planetas interiores, la estrella se expandirá nuevamente en la próxima fase de su evolución. Por lo tanto, HIP13044b puede estar a punto de ser absorbida por la estrella, lo que significaría que está condenada después de todo. Esto también puede ser una predicción del futuro que le espera a nuestros planetas más externos, como Júpiter, cuando el Sol se acerque al fin de su vida.
La estrella también plantea preguntas interesantes sobre cómo se forman los planetas gigantes, ya que parece contener muy pocos elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, mucho menos que cualquier otra estrella que alberga planetas. Para el modelo normalmente aceptado de formación de planetas es difícil explicar cómo esta estrella, que casi no contiene elemento pesado alguno, pudo haber formado un planeta. Por ello se cree que los planetas en torno a estrellas como ésta probablemente deben formarse de un modo diferente.
Fuente: Noticia de ESO 1045 de 18 de noviembre de 2010
Más información: ESO.


Poca agua y poca plata en la luna
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Cayendo hacia la Luna, el cohete Centauro; En primer plano, la sonda LCROSS que observó el impacto antes de estrellarse también contra nuestro satélite. Fuente: NASA.
Hace un año la NASA anunciaba el descubrimiento de moléculas de agua en la Luna después de estrellar en su superficie un cohete Centauro y la propia sonda de observación LCROSS. El impacto del cohete Centauro producía un cráter de entre 25 y 30 metros, y una gran nube de más de 750 metros de altura sobre su superficie. Según un artículo publicado en la revista Science, se estima que fueron expulsados del oscuro cráter hacia el espacio entre 4.000 y 6.000 kilos de restos y vapor de agua, hacia el campo de visión de la sonda, lo que ha permitido saber que el suelo y el subsuelo lunar es más complejo de lo que se creía.
A los cuatro minutos de la explosión, la sonda LCROSS atravesaba esa nube, entonces ya iluminada por el Sol, para hacer análisis y recoger muestras, que durante un año han sido analizadas por varios grupos de investigación en Estados Unidos.
Los resultados del Centro de Investigación Ames de la NASA, publicados ahora, revelan que el impacto expulsó unos 155 kilos de vapor de agua y hielo, y estiman que un 5,6% de la masa total del interior del cráter Cabeus es agua helada.
Además, los científicos se han sorprendido por la riqueza de los materiales desprendidos que indican que el satélite terrestre es químicamente activo.
Los resultados de los análisis de los datos de los espectrómetros de infrarrojo y ultravioleta-visible, a bordo de la sonda, revelaron la detección de otros compuestos volátiles en la columna de escombros durante los pocos segundos en que fue visible a la sonda espacial, incluyendo hidrocarburos ligeros, dióxido de carbono, mercurio y pequeñas dosis de calcio y magnesio en forma gaseosa.
Otro equipo investigador de la Universidad de Brown, ha demostrado que también contenía compuestos como el amoniaco, el sodio y la plata.
Todos estos elementos combinados, han dado pistas sobre el origen de los minerales y el proceso por el cual acabaron en los cráteres polares, que no han visto la luz del Sol en miles de millones de años.
Se cree que los elementos detectados llegaron a la Luna por impactos de cometas, asteroides y meteoritos a lo largo de su historia y se fueron depositando por todas las partes del satélite terrestre, pero que después fueron expelidos de la superficie por otros impactos menores, o se calentaron con el Sol, adquiriendo energía suficiente para desplazarse hasta alcanzar los polos, donde habrían quedado atrapados entre las sombras de los cráteres.
Además, la variedad de elementos volátiles implica que hay una especie de guerra constante entre lo que se acumula y lo que se pierde continuamente, en la tenue atmósfera lunar.
Estos hallazgos, son importantes para la planificación de futuras expediciones y una posible base del hombre en la Luna, ya que el descubrimiento de hielo de agua y otros recursos puede reducir la necesidad de transportarlos desde la Tierra.
Por otra parte, la detección de mercurio en el suelo, en aproximadamente la misma abundancia que el agua detectada, puede presentar un desafío para la exploración humana por su toxicidad, según el equipo de Lyman Alpha Mapping Project (LAMP).
Respecto a la presencia de metales preciosos en la Luna, los astronautas que participaron en las misiones Apolo de la NASA ya encontraron pequeñas cantidades de plata y partículas de oro, en el lado de la Luna más próximo a la Tierra. En este caso se ha encontrado plata, pero la concentración detectada no es tan grande como para poder extraer o plata de allí, aunque muestra la gran diversidad del suelo lunar.
Fuente: Noticias de LCROSS-NASA de 21 octubre 2010
Más información en las páginas de lcross.


Nuevo record de distancia a una galaxia
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La imagen mostrada, conocida como “Hubble Ultra Deep Field 09″ tiene unos 40 segundos de arco de anchura. Fuente: Garth Illingworth (UCO / Lick Obs. / Univ. of Calif., Santa Cruz) & others.
Una imagen del Telescopio Espacial Hubble, tomada hace ya un año, con la cámara de gran campo WFC3, es la imagen más “profunda” hasta ahora en luz infrarroja. Los objetos más tenues y rojizos en ella son las galaxias más antiguas que se han identificado. Datan de 600 a 900 millones de años después del Big-Bang y muestran índices de corrimiento al rojo de hasta 8 y mayores.
La imagen mostrada, conocida como “Hubble Ultra Deep Field 09″ tiene unos 40 segundos de arco de anchura. Fuente: Garth Illingworth (UCO / Lick Obs. / Univ. of Calif., Santa Cruz) & others.
La imagen UHDF09 (versión de 2009) requirió 48 horas de exposición de la cámara WFC3, con la intención de captar las débiles señales de galaxias formadas poco después de la Gran Explosión y poder con ello tener una idea del estado del Universo en su edad más temprana posible.
Un primer análisis de la imagen ya mostró galaxias candidatas a tener corrimientos al rojo de z=7, al menos. La imagen fue tomada en luz infrarroja porque los astrónomos buscaban la luz ultravioleta, producida por las erupciones de formación estelar, transformada en infrarroja debido a su corrimiento al rojo. Comparando la apariencia de galaxias muy tenues en tres longitudes de onda infrarrojas, el equipo de investigadores podría identificar las galaxias de alto corrimiento al rojo z.
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En la imagen, una pequeña porción de UHDF09 se ha ampliado hasta revelar la galaxia primordial UDFy-38135539, que comenzó a brillar sólo 600 millones de años después de la Gran Explosión. Fuente: Garth Illingworth (UCO / Lick Obs. / U.C.S.C) & others.
Tal como aparece publicado en Nature, el 21 de Octubre de 2010, se ha confirmado que la galaxia citada tiene un z=8,6, algo mayor del record anterior de z=8,3 correspondiente a una potente emisión de rayos gamma (RGB) y mucho mayor de los anteriores de z=7.
Hay dos cosas importantes en esta galaxia. Una es que pudo ser diferenciada tenuemente del fondo de cielo desde tierra, mediante una imagen de 15 horas de exposición, utilizando un telescopio VLT de 8,2 metros del ESO en Chile, con el espectrógrafo SINFONI y tras dos meses de análisis de la débil señal.
La segunda es que en este caso, a diferencia del citado RGB de z=8,3, la luz es estable y puede volver a medirse. Se trata de una muestra del período primordial conocido como era de reionización. Entre los 150 y 800 millones de años de vida del Universo, el hidrógeno creado en el Big-Bang estaba demasiado caliente para poder formar estrellas y se encontraba en forma de una especie de niebla que absorbía toda radiación, por eso el Universo era oscuro en cualquiera de sus puntos. Las estrellas formadas en la primera generación comenzaron a ionizar el medio intergaláctico y lo hicieron poco a poco transparente, despejando algunas zonas antes que otras.
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En la imagen, simulación de las galaxias durante la era de reionización en el universo primigenio. En ella, las regiones más brillantes y traslúcidas de contornos brillantes son las de reionización (azul en la imagen original). Las zonas oscuras son de hidrógeno neutro. Fuente:ESO – M. Alvarez (http://www.cita.utoronto.ca/~malvarez), R. Kaehler, and T. Abel.
La luz emitida en su época por la galaxia fue ultravioleta, en 121,6 nm, la fuerte emisión Lyman-alfa de los átomos de hidrógeno neutro. Después de viajar durante 13.000 millones de años a través del Universo en expansión, esos fotones han movido sus frecuencias hacia el rojo, hasta una luz infrarroja de 1,16 micras hasta llegar al VLT.
Los resultados son importantes porque por fin se tiene una muestra de cómo era el universo primigenio. Además, el UHDF09 tiene otros candidatos a altos corrimientos al rojo que pueden aportar más datos en el futuro.
Esta investigación fue presentada en un artículo, “Confirmación espectroscópica de una galaxia en corrimiento al rojo z=8.6”, Lehnert y otros, por aparecer en Nature el 21 de Octubre de 2010.
Fuente: comunicado científico de ESO eso1041es de 20 de octubre de 2010 y Articulo en Nature: doi:10.1038/nature09462 y ESA-Hubble
Más información: ESO.


El extraño caso de la supernova 1961vf
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Galaxia NGC 1058, dónde explotó la misteriosa supernova SN1961V. Fuente: Bob Ferguson and Richard Desruisseau/ Adam Block/NOAO/AURA/NS.
En una época tan lejana ya como 1961, se vio el estallido de una estrella en la galaxia espiral NGC 1058, pero… de una forma muy extraña.
El tiempo que tardó en alcanzar su máximo brillo fue de varios meses, observándose un lento declive tras un brillo mantenido (meseta) durante tres años. Las estrechas líneas espectrales revelaron una velocidad lenta de expansión de unos 2.000 km/s.
Algunos propusieron que se trataba de una supernova inusual. Otros afirmaron que era una gran erupción de una estrella especial, una Variable Luminosa Azul (LBV), una estrella como Eta Carinae. Fritz Zwicky, la calificó como una supernova de “tipo V”, lo que significaba que era una supernova sólo de nombre, pero que podría ser cualquier cosa, ya que era simplemente una “impostora”. Durante casi 50 años, los astrónomos han estado tratando de resolver qué fue realmente esta supernova impostora.
La mayor parte de la investigación se ha centrado en conocer la naturaleza de la estrella progenitora antes de la explosión. La galaxia anfitriona es una hermosa galaxia espiral vista de frente y era por tanto un objetivo tentador para muchas observaciones antes de la erupción. Esto ha permitido a los astrónomos utilizar imágenes de archivo para determinar las propiedades de la estrella progenitora, y descubrir algo muy extraño: ¡La estrella tenía una magnitud absoluta de cerca de -12!
Incluso Eta Carinae, una de las estrellas más masivas conocidas actualmente, sólo tiene una magnitud absoluta de alrededor de -5,5. Esta luminosidad extrema ha llevado a los astrónomos a realizar unas estimaciones iniciales de su masa asombrosas: nada menos que 2.000 masas solares. Si bien esta estimación es ciertamente incorrecta, revela lo enormemente masiva que era la estrella progenitora de 1961V. La mayoría de las estimaciones ahora se sitúan en el rango de 100 a 200 masas solares.
La diferencia clave entre una supernova y una erupción es el remanente que deja. En el caso de una supernova, se espera que el resultado sea una estrella de neutrones o agujero negro. Si, por el contrario, el suceso hubiera sido una erupción, aunque fuera muy potente, la estrella se mantendría intacta. En este sentido, muchos astrónomos han tratado también de investigar los restos del estallido. Sin embargo, debido a la envoltura de gas y polvo creada en ambos casos, tomar imágenes de esos objetos ha demostrado ser un auténtico desafío. Mientras que antes del estallido, el progenitor destacaba tremendamente, sus restos posteriores no son distinguibles entre las demás estrellas.
Numerosos telescopios han sido apuntados a la región para tratar de descubrir esos restos, incluido el Hubble, pero los intentos han fracasado. Recientemente, el telescopio espacial infrarrojo Spitzer fue empleado para estudiar la región, y aunque no está diseñado para estudiar estrellas individuales, su visión infrarroja puede permitir penetrar el velo de polvo y, potencialmente, encontrar la estrella responsable. Si todavía hubiera una fuente intensa en el infrarrojo, ello significaría que la estrella ha sobrevivido, y que la supernova, realmente, fue una impostora.
Este intento de identificación fue realizado recientemente por un equipo de astrónomos de la Universidad de Ohio, EE.UU. Tras la investigación, el equipo no pudo identificar de manera concluyente una fuente de intensidad suficiente como para afirmar que era la superviviente del evento de la SN 1961V. Como tal, el equipo llegó a la conclusión de que estaba ante “una impostora de una supernova impostora”.
El equipo la comparó con otra supernova reciente, SN 2005gl, que también tenía una enorme estrella progenitora y que pudo ser observada antes de la detonación. Los estudios previos de esta supernova sugieren que, justo antes de la explosión, la estrella pasó por una intensa fase de pérdida de masa. Si hubiera sucedido una situación similar en 1961V, podría explicar la inusual velocidad de expansión. Durante este tiempo, la estrella podría temblar extraordinariamente, imitando las erupciones LBV, lo que explicaría “meseta” de su curva de brillo.
Aunque esta comparación se basa en un solo caso (si bien muy parecido), subraya la necesidad de “que los estudios de los progenitores de supernovas deben cambiar de simples intentos para obtener una instantánea de la estrella, hasta un seguimiento prolongado de su comportamiento a lo largo de sus años finales”. Esperamos que futuros estudios y observaciones proporcionen mejores simulaciones teóricas y que los numerosos rastreos en marcha proporcionen datos suficientes sobre las estrellas antes de su erupción, para conocer mejor el comportamiento de estos monstruos.
Fuente: Universe Today, 5 de Noviembre 2010.
Más información: Universetoday.


Estructuras gigantes de la via lactea descubiertas por el telescopio Fermi
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Las grandes burbujas de rayos gamma recientemente descubiertas, miden conjuntamente 50.000 años-luz, la mitad del diámetro de la Vía Láctea, pero fuera del plano galáctico. Los bordes de las burbujas fueron observados por primera vez en rayos X por el ROSAT en 1990. Los rayos gamma fueron “mapeados” por el Fermi. Fuente: Goddard Space Flight Center de NASA.
El Telescopio Espacial Fermi de rayos Gamma, de la NASA, ha desvelado estructuras no vistas anteriormente, centradas en la Vía Láctea y que pueden ser los restos de una erupción de un super-agujero negro del centro de nuestra galaxia.
Pueden apreciarse dos grandes burbujas emisoras de rayos gamma, que se extienden 25.000 años-luz al norte y al sur del centro galáctico, desde la constelación de Virgo a la de Grus. Se cree que pueden tener millones de años de edad.
El descubrimiento se realizó tras dos años de investigación, a partir de datos de dominio público del Telescopio de Gran Área (LAT) del Fermi, que es el instrumento más sensible y de más alta resolución en rayos Gamma que se lanzó nunca al espacio.
Otros investigadores de rayos gamma no habían detectado nada, en parte debido a la niebla cósmica que aparece por todo el cielo a esas frecuencias. El equipo descubridor logró modelar esta niebla para aislarla de los datos del LAT y descubrir las grandes burbujas.
Las burbujas parecen ser mucho más energéticas que la niebla ambiente y presentan bordes bien definidos. Su estructura parece ser el resultado de una rápida emisión de energía, pero su origen es todavía un misterio.
Una de las posibles fuentes es un chorro surgido de un agujero negro supermasivo en el centro galáctico. En otras muchas galaxias los astrónomos observan chorros de partículas emitidas por materia que cae en el agujero negro. Aunque no hay señales de la existencia del chorro en la Vía Láctea, sí pudo haber existido en un pasado.
Otra posibilidad es que se formaran como resultado de una erupción de formación estelar, produciendo gran cantidad de cúmulos estelares en el centro de la Vía Láctea, hace algunos millones de años. En otras galaxias podemos observar que esas erupciones de formación de estrellas pueden expulsar grandes cantidades de gas.
Ha habido señales de esas burbujas en datos de algunos satélites, como las observaciones de rayos X del Satélite Roentgen alemán que las situaba cerca del centro galáctico, o la Sonda de Anisotropía de Microondas Wlkinson de la NASA que detectó un exceso de señales de radio en la posición que tienen las burbujas.
El Fermi rastrea el cielo cada tres horas, profundizando y mejorando los datos progresivamente. Desde su lanzamiento en junio 2008, el Fermi ha probado ser un experimento puntero, dándonos las claves para estudiar, desde la naturaleza del espacio-tiempo hasta las primeras observaciones de novas de rayos gamma.
El Fermi es un proyecto de la NASA en colaboración con el departamento de Energía de EE.UU. y contribuciones de otras instituciones científicas de Francia, Alemania, Italia, Japón y Suecia.
Fuente: noticias de NASA, de 9 de noviembre de 2010 y foto astronómica del día (APOD) de 10 de noviembre.
Más información: GLAST.


Este artículo ha sido escrito por Juan Antonio Bernedo.

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Thalia