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Vida alrededor de enanas rojas

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Vida alrededor de enanas rojas

Área: Espacio — Jueves, 9 de Diciembre de 2010
Un resultado mejora las posibilidades de la vida en planetas que orbiten enanas rojas y otro incrementa el número de este tipo de estrellas en el Universo.
Foto
Impresión artística de la vida en un hipotético planeta que orbita una enana roja. Fuente: Alien Worlds.
En septiembre pasado saltó a los medios una noticia sobre el descubrimiento de otro planeta orbitando alrededor de Gliese 581, una enana roja. Este planeta, de unas tres masas terrestres, estaba en la zona de habitabilidad de la estrella, una estrecha franja cerca de la estrella. Gliese 581g gira a sólo 15 millones de kilómetros de su estrella y efectúa una órbita cada 37 días.
Las estrellas enanas rojas son pequeñas y frías comparadas con estrellas como el Sol, aunque brillan durante mucho más tiempo (a menor gasto de energía más dura el combustible termonuclear). Esta menor temperatura y energía emitida se traduce en que un planeta en el que haya agua líquida debe orbitar muy cerca de la estrella y el margen de error es más bien pequeño. Si un cuerpo orbita alrededor de otro a una distancia pequeña, el efecto de las mareas hace que se sincronicen el periodo orbital y el de rotación, de tal modo que, como nuestra Luna, presente siempre una misma cara hacia el cuerpo al que orbita. 
Esto tiene un par de consecuencia sobre la hipotética vida en uno de estos planetas. En primer lugar hay una cara caliente que mira a su sol y otra en permanente oscuridad. Aunque en un principio se creía que una cara se asaría bajo los fuegos estelares y la otra se congelaría, los modelos climáticos indican que la atmósfera reparte el calor y esa situación dramática no se daría. Habría además una franja con la luz y temperatura adecuadas en la que la vida se sentiría cómoda. Una vida bajo un sol en permanente puesta, una penumbra roja e infrarroja eterna.
Pero este inconveniente no es el único. La vida en la Tierra es posible porque nuestro planeta tiene una magnetosfera. Ésta desvía la mayoría de las partículas cargadas del viento solar. Si no fuera por esta magnetosfera la superficie terrestre estaría sometida a una fuerte radiación e incluso la atmósfera se vería sometida a la disociación de las moléculas de agua. Pero las moléculas orgánicas son muy frágiles. Un baño de radiación excesivo puede incluso impedir la formación de las moléculas orgánicas primigenias que den origen a la vida.
Se cree que el campo magnético de la Tierra se genera gracias a un efecto de dinamo en el que están involucrados las corrientes de convección del núcleo metálico fundido de la Tierra y la rotación de la misma. Por tanto, si este modelo es el correcto no podría aplicarse a planetas como Gliese 581g, que tienen una rotación tan lenta, al menos en principio. Sin embargo, Natalia Gómez-Pérez y sus colaboradores del Carnegie Institution (Washington DC) han estudiado cómo serían los núcleos de estos planetas y concluyen que podrían generar un campo magnético lo suficientemente intenso que permitiera la formación de una química lo suficientemente compleja.
Pero este resultado no es la única buena noticia sobre la posibilidad de vida en el Universo. Al parecer el número de enanas rojas que hay en el Universo es mucho mayor de lo que se imaginaba, multiplicándose así las posibilidades de que haya vida fuera de la Tierra. El número de estrellas que creemos hay en el Universo se ha multiplicado por tres a raíz de este estudio.
Las enanas rojas son bastante frías y pequeñas así que son muy poco brillantes, de ahí la dificultad de observación de este tipo de estrellas y de elaborar un censo fiable de ellas, sobre todo fuera de nuestra galaxia. Además los modelos de formación estelar no son precisos en este punto. Los astrónomos no sabían bien la fracción de la población estelar del Universo que está compuesta por enanas rojas.
Un grupo de astrónomos ha usado el telescopio Keck para detectar las señales de presencia de enanas rojas en otras galaxias, concretamente en ocho galaxias elípticas cercanas situadas entre 50 y 300 millones de años luz de nosotros. Descubrieron que hay 20 veces más enanas rojas en ese tipo de galaxias que en nuestra Vía Láctea.
Este hallazgo tiene además implicaciones en la comprensión de la formación y evolución de las galaxias, dadas las diferencias entre unos tipos de galaxias y otros en este punto. Además, si hay muchas enanas rojas en las galaxias elípticas entonces hay que restar su contribución a la supuesta materia oscura, pues ésta deja ser oscura para brillar en el rojo e infrarrojo.
Este descubrimiento eleva el número de estrellas en el Universo capaces de soportar la vida a su alrededor. Según uno de los astrónomos implicados podría haber billones de planetas como la Tierra orbitando este tipo de estrellas con una edad mayor de 10.000 millones de años, números que facilitan una estadística muy favorable para la aparición de vida compleja.
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Thalia