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Encuentran una secuoya más alta

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Área: Biología — Miércoles, 4 de Octubre de 2006
Foto
Una secuoya roja o redwood descubierta en una remota región boscosa de California ha terminado siendo el árbol más alto del planeta según ha reportado hace unos días Steve Sillett de Humboldt State University. El árbol, denominado Hiperión, y descubierto por Chris Atkins y Michael Taylor, mide nada menos que 115,5 m de alto.
Estos investigadores estuvieron explorando el pasado verano el Redwood National Park y otros parques similares a lo largo de la costa norte californiana descubriendo este árbol de record que supera a Stratosphere Giant (112,9 m), y anterior marca, en unos metros. Esto sugiere que debe de haber otros igualmente altos en el área o incluso más. Muchos de estos árboles cayeron víctimas del hacha y la motosierra en el pasado y sólo unos pocos se salvaron del desastre gracias a una ley de 1978. Según Sillet sólo quedan hoy en día unos pocos representantes que no dan una idea de lo que estos árboles fueron capaces de llegar a ser.
Hay dos tipos de secuoyas de California: la secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum) y el redwood o secuoya roja (Sequoia sempervirens). La primera especie constituye los seres más masivos del planeta y crecen en regiones aisladas de Sierra Nevada (California).
Sequoia sempervirens, protagonista de este artículo y cuyo nombre se atribuye al jefe cheroqui Sequoyah, vive sólo en una estrecha franja a lo largo de parte de la costa norte del mismo estado y constituye la especie más alta de la Tierra. Estos árboles crecen de manera natural sólo en esa región de América y constituyen los últimos vestigios de lo que eran extensos y frondosos bosques. Son árboles que llegan a vivir miles de años y han sido testigos de la historia biológica del planeta, pues los antepasados de estas coníferas se remontan a la época de los dinosaurios.
Todos aquellos que han visitado estos parques habrán podido comprobar lo infructuoso que es tratar de fotografiar a estos gigantes y lo sobrecogedor que es estar debajo de ellos. La experiencia de pasear dentro de estos bosques de sombra perpetua y de remota belleza es inigualable y casi mística.
No hay que llorar por la pérdida de hipotéticos parques jurásicos que aparecen en novelas y que nunca fueron nuestros, sólo necesitamos conservar estos bosques y legarlos a nuestros descendientes.

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Thalia