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Rayos de bola y alucinaciones magnéticas

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Rayos de bola y alucinaciones magnéticas

Área: Neurología — Jueves, 20 de Mayo de 2010
Explican los informes sobre rayos de bola como posibles alucinaciones inducidas magnéticamente por descargas eléctricas cercanas durante las tormentas.
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Los rayos en forma de bola han sido descritos por bastantes personas durante las tormentas, pero se han resistido a ser estudiados por la ciencia en el medio natural. El primer informe sobre un rayo de bola se dio en 1754 en San Petersburgo, cuando el doctor Richmann, tratando de emular a Benjamin Franklin en el experimento de la cometa, murió fulminado por un rayo. Sin embargo, se han sido visto pocos rayos de bola, y rara vez han sido fotografiado.
Debido a que su existencia es de difícil explicación por el electromagnetismo convencional, hay docenas de teorías exóticas que explican, o tratan de explicar, el rayo de bola. Estas teorías incluyen la posible existencia de partículas calientes de silicatos o plasma cuando el rayo vaporiza el terreno al caer, pero también se han propuesto modelos teóricos complicados que explicarían estos eventos. 
Por otro lado, también se han conseguido algunos remedos en el laboratorio. Pero, ¿y si realmente no existieran los rayos de bola el medio natural?, ¿cómo podríamos entonces explicar los informes existentes sobre sus avistamientos (alguno confundido con un OVNI)? Según unos físicos puede que los rayos de bola sean en realidad alucinaciones inducidas magnéticamente, ya que en el laboratorio el fenómeno se puede replicar.
La estimulación magnética transcraneal (EMT) es una poderosa técnica que usan los neurocientíficos para estudiar el cerebro. Se inventó en los años ochenta y desde entonces ha venido sido una herramienta potente para investigar el funcionamiento del cerebro. Con ella pueden alterar a voluntad de manera reversible el normal funcionamiento de determinadas regiones del cerebro para saber así cómo funcionan.
La EMT se basa en la aplicación de un campo magnético variable (de entre 1 Hz a 50 Hz) lo suficientemente potente como para inducir corrientes en las neuronas. La intensidad de este campo puede llegar a ser de 0,5 Teslas en el cerebro. Gracias a que se puede concentrar este campo magnético intenso en una región reducidas es posible inducir corrientes en áreas específicas lo suficientemente pequeñas. Si, por ejemplo, se aplica este campo al córtex visual del sujeto, éste ve objetos luminosos con la apariencia de discos, burbujas, óvalos o líneas. A estos “objetos” se les denomina fosfenos. Si se desplaza el campo entonces el supuesto “objeto luminoso” se desplaza por el campo visual del sujeto.
Según Joseph Peer y Alexander Kendl, ambos de la Universidad de Innsbruck en Austria, si esto pasa en el laboratorio quizás también pase en la naturaleza. Han calculado que los cambios rápidos del campo magnético asociados a la descarga de rayos y relámpagos son lo suficientemente poderosos como para inducir alucinaciones si se dan a menos de 200 metros de distancia.
Para que sea un fenómeno raro como es, la descarga eléctrica debe ser de un tipo especial en la que hay descargas repetidas sobre el mismo punto durante unos pocos segundos (suficientes como para ver el fenómeno durante un tiempo), un fenómeno que ocurre entre un 1% y un 5% de todas las veces en las que hay descargas.
También calculan que no es necesario que el sujeto que experimente este fenómeno se encuentre en el exterior, sino que puede “ver” el fenómeno desde la seguridad de una casa o desde el la cabina de mando de un avión. Al parecer, en el exterior, y a una distancia de menos de 200, puede que no quede testigo sobre el evento, por lo que el avistamiento desde un lugar seguro es más probable.
Las alucinaciones que experimentarían estos sujetos serían muy similares a las que se inducen en el laboratorio cuando se usa EMT: bolas o líneas luminosas que aparecen flotar en el espacio en frente del sujeto. Esto es justo lo que comentan las personas que dicen haber visto un rayo de bola. Informarían sobre el avistamiento de un “rayo de bola” debido a una preconcepción que ya tendrían sobre ellos.
Aunque ésta es una idea interesante, que explica un fenómeno sobre el que se ha informado reiteradamente, también nos hace preguntarnos en qué otras circunstancias los campos magnéticos ambientales pueden producir alucinaciones de otro tipo. ¿Habrá alucinaciones auditivas o místicas?
Puestos a especular, en las novelas de ciencia ficción se relatan a veces viajes espaciales a estrellas de neutrones. Aunque se intenta resolver el problema de las fuerzas de marea, no se expresa una posible solución a los posibles efectos del campo magnético de estos objetos sobre los astronautas. Quizás la tripulación se volviera instantáneamente idiota. Y hay más posibilidades: ¿afectaría a los humanos un pulso electromagnético inducido por un explosión nuclear en la ionosfera?
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Thalia