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Lanzan una revista creacionista “científica”

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Lanzan una revista creacionista “científica”

Área: Política científica — Lunes, 28 de Enero de 2008
Las mismas instituciones que han pagado por el museo creacionista lanzan ahora una revista “científica” creacionistas con revisores.
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Hasta ahora los científicos y profesores universitarios se las tenían que ver con los excéntricos o cranks que decían haber descubierto la racionalidad de π, inventado un sistema que proporciona energía a partir de la nada (móvil perpetuo de primera especie en el lenguaje de la termodinámica) o desarrollado un avión que sólo necesita imanes para volar (a esta gente le chiflan los imanes). De vez en cuando aparece uno de estos individuos por los departamentos buscando a alguien que le escuche.
Aunque en general son inofensivos hubo un caso en 1952 de uno de estos cranks que, después de que rechazarán un “artículo” suyo, asesinó a la secretaria de la American Physical Society en la Universidad de Columbia al no poder encontrar a ningún físico por allí ese día.
Uno de los problemas que tienen estos chiflados cuando pretenden dar a conocer sus “hallazgos” es que cuando mandan el artículo a una revista es rechazado instantáneamente por graves problemas básicos y de concepto. Incluso a NeoFronteras llegan “artículos” para intentar ser publicados sobre este tipo de inventos de vez en cuando.
Los creacionistas del pasado demostraron ser más peligros que los cranks cuando mandaban a personas como Giordano Bruno a la hoguera. Pero los creacionistas de ahora tienen el mismo problema que los excéntricos: no consiguen publicar sus hallazgos creacionistas. Al menos lo tenían hasta ahora.
Los seguidores del diseño inteligente no consiguen mantener las mínimas normas del método científico. Sus “creencias” e ideas (que no teorías) no son falsables, a diferencia de las teorías científicas. Es decir, no pueden refutarse o corroborarse con experimentos y observaciones.
Alguien podría decir que existe un universo paralelo e inaccesible constituido por algodón de azúcar sabor fresa, pero esta “teoría” no sería falsable, puesto que no podemos acceder al universo en cuestión para hacer un análisis químico que nos diga que las fibras que lo rellenan están compuestas por sacarosa y trazas de saborizante de fresa. Esta idea simplemente no es una teoría científica, aunque sea respetable y sobre todo dulce. De hecho si se tiene suficiente fe se puede creer en un universo así.
La ciencia además nunca tiene una teoría definitiva sobre un fenómeno natural, siempre son teorías provisionales que son sustituidas por otras mejores. Las teorías científicas describen hechos naturales observables y lo explican de una manera natural y racional. Además lo hacen bien, no son meras especulaciones. En el lenguaje de la calle “teoría” es a veces sinónimo de especulación, pero en el contexto científico no es así. Cuando un teoría es aceptada en una rama científica significa que hay hechos que la apoyan.
Recordemos que la ciencia crea modelos de realidad y que no hay que confundir realidad como los modelos de realidad, aunque éstos pretendan describirla. Tampoco hay que confundir los hechos descritos con la teoría misma. Algunos solemos comparar el hecho evolutivo con la gravedad para distinguir la evidencia física (la gravedad, la evolución…) de las teorías que lo explican (teoría de la gravitación de Newton -o Einstein-, teoría sintética de la evolución…).
La ciencia no pretende poseer los únicos modelos posibles de explicación de la realidad. Una novela, un cuadro o una corriente filosófica pueden ser modelos de realidad, pero no son modelos científicos al no haberse utilizado el método científico en su creación. Son además respetables e interesantes y cumplen su función en la sociedad. Incluso las religiones son respetables siempre y cuando se dediquen a su plano de estudio metafísico. Recordemos que al igual que el universo de algodón de azúcar la ciencia no puede decir nada acerca del cielo o del infierno al estar, por definición, fuera del alcance de la experiencia.
Cuando estas personas mandan artículos sobre diseño inteligente a cualquier revista científica de prestigio son rechazados por no seguir el método científico. Podrían incluso tener razón en sus postulados (en un mundo loco) pero no los justifican científicamente. No se trata de censura, no se trata de carencia de respetabilidad de los autores, es que simplemente los mandan al sitio equivocado.
Conscientes de este problema, y después de haber construido “museos” creacionistas que divulgan sus mentiras acientíficas, ahora lanzan su propia revista creacionista con “revisores”: Answers Research Journal (ARJ ).
La misma organización que gastó 27 millones de dólares en el museo creacionista de Kentucky es la que corre con los gastos de lanzamiento de la revista. Las premisas en las que se basa son bíblicas: el diluvio universal explica la extinción de las especies cuyos individuos encontramos fosilizados. El editor jefe de la publicación es Andrew Snelling, un geólogo australiano.
Según los científicos que estudian el fenómeno social del creacionismo no es la primera vez que sale este tipo de revista. Según ellos el problema no es la gente con formación, que puede distinguir perfectamente una revista científica seria de un panfleto bíblico, sino la gente corriente, que sin distinguir muy bien el contenido, se vea confundida por la apariencia de cosas como el ARJ y termine por creer que hay controversia entre los científicos sobre el hecho evolutivo. Entre los científicos hay controversias sobre los detalles de la teoría evolutiva, pero no sobre el hecho evolutivo en sí. Sólo existe controversia sobre el hecho evolutivo entre los científicos y aquellos que autodenominándose así son simplemente personas muy religiosas y radicales en sus creencias.
Los creacionistas han evolucionado con el tiempo. A raíz de una sentencia del tribunal supremo de los EEUU que prohibía la enseñanza de la religión en los colegios crearon la idea del “diseño inteligente” para colarse en los programas educativos de las escuelas. Han perdido muchas batallas, pero todavía siguen en pie de guerra. Apoyo económico no les falta. El museo creacionista y la revista creacionista (con web incluida) son sus últimos ataques a la ciencia.
Pero por desgracia hay ya más frentes abiertos. También parece surgir un islamismo creacionista. Incluso algunos sociólogos posmodernistas han llegado a mantener que las teorías científicas son simplemente convenios acordados por una comunidad social, fruto de un consenso, asumiendo por lo tanto que serían distintas si la comunidad científica estuviera formada por otras personas.
Quizás lo mejor es no hacerles mucho caso en este punto. Algunos mantienen que un ataque de la comunidad científica a esta revista alimentaría las acusaciones de que el sistema científico internacional está contaminado por personas con animadversión religiosa. Argumentan que quizás lo mejor sea educar a las personas que no sean científicos sobre el método científico y su proceso. Algo a lo que hemos querido contribuir modestamente desde esta web.

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Thalia