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glóbulos rojos. Simples y casi perfectos.

 glóbulos rojos. Simples y casi perfectos.

Sin un núcleo que les sirva como “cerebro”, sin mitocondrias para hacer de estomago y fuente de energía, los glóbulos rojos apenas pueden considerarse células. Y, sin embargo, son absolutamente fundamentales para nosotros.

Los glóbulos rojos podrían considerarse el esqueleto de una célula. Apenas una membrana rellena de hemoglobina, un compuesto químico capaz de enlazarse con el oxigeno y transportarlo a través del cuerpo. Sin embargo no son elementos totalmente pasivos. Su membrana, la capa exterior de una célula, esta completa y sigue realizando unas cuantas funciones totalmente imprescindibles.

Para poder transportar el oxigeno por todo el cuerpo, un glóbulo rojo necesita mantener su forma y proteger la hemoglobina en su interior. Esto requiere, entre otras cosas,  mantener un nivel alto de potasio y bajo de sodio en su interior. Y lo hacen de forma automática confiando en reacciones químicas que no requieren de su control. Como fuente de energía utilizan la glucosa que circula por la sangre y que puede filtrarse al interior de los mismos. 

Pero como todas las células, su membrana es hace algo mas que aislar y proteger. También identifica. Cada glóbulo rojo  tiene una “matricula” formada por una serie de moléculas que se encuentran en su superficie. En la vida real las hemos clasificado llamándolos grupos sanguíneos. El Rh positivo o negativo nos indica si una determinada molécula esta presente en su superficie o no. Lo mismo puede decirse de otras dos moléculas que determinan la pertenencia a grupo A, B o AB cuando ambas están presentes. En realidad esto es una simplificación ya que hay  29 moléculas diferentes que pueden aparecer o no formando cientos de grupos sanguíneos aunque la mayoría son muy raros.

El proceso de su formación también es interesante. La célula inicial  se divide en dos partes pero de forma asimétrica. Una parte se queda con la hemoglobina mientras  el núcleo y las mitocondrias se quedan en la otra que pasa a ser devorada por un macrófago, un tipo de glóbulo blanco. Casi como si se amputase su propio “cerebro”, junto con la mayoría de sus órganos internos.

Pueden parecer simples “contenedores” pero la simplicidad y especialización de los glóbulos rojos hace su funcionamiento aún más elegante. Y, además, los convierte en otra prueba de la evolución ya que puede localizarse cambios progresivos en diferentes animales mientras van perdiendo el núcleo y varios orgánulos  internos. Una pequeña maravilla a la que estar agradecidos.

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Thalia