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Los árboles de Dyson

Los árboles de Dyson 

Algunos defienden que el espacio es el lugar ideal para instalar paneles solares. Las ventajas son muchas, luz solar casi constante, si se escoge bien la órbita, ninguna nube que tape al sol y sin riesgos por tormentas o vientos fuertes. Pero, ¿seria también el lugar ideal para una planta?

Una planta también disfrutaría de ciertas ventajas en el espacio. Podría tener la luz solar necesaria, ningún animal que intente comérsela, y nada de la molesta gravedad que la empuja hacia abajo. Eso implica ahorrar un montón de energía y esfuerzos para construir un tallo sólido y resistente o mantener un sistema defensivo capaz de enfrentarse a plagas y enfermedades. A cambio hay algunos inconvenientes. Para empezar que necesita agua, minerales y otros elementos que no flotan por el espacio. Sin embargo la cantidad no es excesiva y podría proporcionarla un pequeño asteroide o cometa. En realidad, el problema fundamental es que las plantas, al igual que nosotros necesitan respirar a través de sus hojas. Es decir, tienen que intercambiar gases como oxigeno y dióxido de carbono con su entorno y en el espacio exterior no hay gases que intercambiar. Sin resolver este problema la supervivencia de una planta en el espacio es imposible.

Pero la imaginación de Freeman Dyson vino al rescate. Recordemos que los humanos pueden vivir en el espacio dentro de estaciones espaciales presurizadas y con paneles solares en el exterior para proporcionarles la energía. Del mismo modo, una planta podría sobrevivir si modificase el funcionamiento de sus hojas, separando la fotosíntesis del intercambio de gases. Así unas hojas especializadas captarían la energía de la luz solar. Estas hojas no tendrían estomas, es decir, ni captarían ni perderían gases por su superficie. Por otro lado, raíces especializadas captarían el agua y los gases necesarios de un núcleo interior. Un núcleo que podría estar habitado por humanos que ocuparían las raíces de árboles de kilómetros de longitud gracias a la ausencia de gravedad. El concepto completo fue bautizado como árbol de Dyson.
Desde luego seria necesaria una ingeniería genética muy avanzada para desarrollar este tipo de plantas. Sin embargo, la idea de estaciones y habitats espaciales, capaces de construirse solos a partir de una semilla, es demasiado atractiva para descartarla sin mas. No será fácil pero no tengo dudas de que alguien lo acabara intentándolo. Tal vez sea nuestro primer paso para extender la vida fuera de nuestro planeta.

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Thalia